El testimonio de Mateo Yepes tras el sismo en Pereira revela la fragilidad de las viviendas
Imagen: El Tiempo (Colombia)
Mateo Yepes sobrevivió al colapso de su casa en Pereira tras el sismo, atrapado bajo escombros y aplastado por dos paredes. Su testimonio muestra cómo un cambio mínimo en la rutina terminó marcando la diferencia entre la vida y la muerte.
Un cambio aparentemente menor en su rutina terminó salvándole la vida a Mateo Yepes, quien quedó atrapado bajo los escombros de su casa en Pereira durante el terremoto y alcanzó a pensar que no saldría con vida. El joven sobrevivió luego de ser aplastado por dos paredes mientras permanecía al lado de su madre, en una escena que resume con crudeza lo impredecible y devastador que puede ser un sismo en una ciudad donde muchas viviendas no están preparadas para resistirlo.
Según informó El Tiempo (Colombia), Mateo vivió minutos eternos bajo el peso de los restos de la estructura, en medio del polvo, el ruido y la sensación de que el rescate no llegaría a tiempo. La experiencia lo llevó incluso a asumir mentalmente que podía morir allí mismo, una forma de enfrentarse al miedo que suele aparecer cuando el cuerpo queda inmóvil y la salida parece imposible. Su caso no solo revela la dimensión humana del desastre, sino también la vulnerabilidad de las familias que dependen de construcciones antiguas o precarias en zonas sísmicas del país.
Lo que le ocurrió a Mateo importa más allá de su historia personal porque pone sobre la mesa una pregunta que Colombia sigue esquivando cada vez que la tierra tiembla: cuántas viviendas, comercios y edificios realmente cumplirían con estándares de seguridad si ocurriera un terremoto de mayor magnitud. En ciudades como Pereira, Armenia, Manizales o Bogotá, donde la amenaza sísmica es una realidad permanente, la prevención no puede quedarse en campañas puntuales ni en la memoria de la última emergencia. También obliga a mirar el papel de las autoridades locales, la supervisión urbanística y la cultura ciudadana frente a evacuaciones, refuerzos estructurales y simulacros, porque sobrevivir a un sismo no debería depender de un golpe de suerte o de que alguien haya cambiado de lugar minutos antes.
Historias como la de Mateo suelen quedar reducidas al dramatismo del momento, pero en realidad son una radiografía de la desigualdad en la gestión del riesgo. Mientras algunas familias viven en edificios con estándares modernos, otras siguen expuestas a estructuras que pueden colapsar en segundos. Por eso su testimonio no es solo el relato de un sobreviviente: es una advertencia. En Colombia, la pregunta ya no es si habrá otro sismo, sino qué tan preparados estamos para que no vuelva a repetirse una tragedia que, como en Pereira, puede empezar con una vibración y terminar con una vida suspendida entre la muerte y el rescate.




