Uribe convierte al Centro Democrático en “colmena” y manda mensaje por sus tensiones internas
Imagen: El Tiempo - Política
Álvaro Uribe volvió a mover el tablero del Centro Democrático con un saludo del 20 de julio acompañado de un logo inusual: una colmena democrática. El gesto llega tras sus tensiones internas y reaviva la lectura sobre el rumbo simbólico y político del uribismo.
Álvaro Uribe reapareció este 20 de julio con un gesto que va más allá de una simple salutación patriótica: publicó una imagen del Centro Democrático convertida en una “colmena democrática”, una metáfora que no pasa inadvertida en medio de las tensiones internas del partido. El mensaje, difundido por el expresidente, llega justo después de que se refiriera a los militantes como “abejitas laboriosas”, una expresión que él mismo utilizó en medio de los desacuerdos con De La Espriella y que ahora parece consolidarse como una forma de retratar la disciplina interna que Uribe espera de su colectividad.
La imagen y el saludo no son un detalle menor. En la práctica, Uribe vuelve a ocupar el centro simbólico de su partido en una fecha cargada de contenido político, en la que el país conmemora su independencia y los partidos aprovechan para marcar posicionamiento. Según informó El Tiempo - Política, el mensaje se produjo en un momento en que el uribismo intenta cerrar filas, pero también dejar ver que las diferencias internas no han desaparecido del todo. El uso de la colmena, con su lógica de orden, trabajo colectivo y jerarquía, parece ser una respuesta sutil —pero clara— a las grietas que han salido a la superficie en los últimos días.
Lo que está en juego aquí no es solo una pieza gráfica o una frase ingeniosa. En política, los símbolos importan porque envían señales hacia adentro y hacia afuera. Hacia adentro, Uribe reafirma su autoridad sobre una colectividad que históricamente ha dependido mucho de su liderazgo personal; hacia afuera, intenta proyectar cohesión en un momento en que el Centro Democrático busca mantenerse vigente en la conversación pública y no quedar atrapado en peleas de banderas o nombres propios. En un país donde los partidos suelen debilitarse por sus fracturas internas, cualquier gesto de unidad pesa más de lo que parece. Y cuando el fundador del uribismo decide hablar de abejas, colmenas y laboriosidad, lo que está diciendo en realidad es que espera disciplina, no rebeldía.
El episodio también deja ver una constante de la política colombiana: los liderazgos fuertes no desaparecen, solo cambian de forma. Uribe, incluso fuera de la Presidencia, sigue teniendo la capacidad de fijar el tono del debate dentro de su partido y de marcar el lenguaje con el que se interpretan sus disputas. Para el ciudadano común, estas movidas pueden parecer anecdóticas, pero son una radiografía útil de cómo se ordenan —o se desordenan— las fuerzas que luego compiten por el poder. Si el Centro Democrático quiere llegar compacto a las próximas batallas electorales, tendrá que demostrar que su “colmena” no es solo una imagen simpática de 20 de julio, sino una estructura política capaz de sostenerse sin que cada desacuerdo termine en zumbido público.



