María Fernanda Cabal se aparta del Centro Democrático y alista su propio movimiento
Imagen: El Tiempo - Política
María Fernanda Cabal rompió con la disciplina interna del Centro Democrático y anunció que impulsará su propio movimiento político. La senadora sostiene que el partido no respondió a su solicitud de escisión y acusa a la colectividad uribista de cerrarle el paso.
María Fernanda Cabal dejó claro que su pulso con el Centro Democrático ya no es solo una disputa interna, sino el comienzo de una ruptura política de mayor alcance. La senadora y figura visible del uribismo anunció que avanzará en la creación de su propio movimiento, luego de asegurar que el partido no respondió a su solicitud de escisión. Su mensaje fue directo: en adelante, dice, hará política sin jefes.
El anuncio revela algo más profundo que una diferencia personal. Cabal, una de las voces más visibles, duras y disciplinadas del bloque de derecha en Colombia, venía acumulando tensiones con la estructura partidaria desde hace tiempo, en especial por la manera en que se toman las decisiones y se reparten los espacios de poder. Según informó El Tiempo - Política, la excongresista considera que la colectividad uribista terminó actuando con mezquindad al no tramitar su petición, una señal de que las fracturas dentro del partido ya no se pueden esconder detrás de la unidad de discurso.
Lo que está en juego no es solo el futuro político de Cabal, sino la propia cohesión del Centro Democrático en un momento en el que la derecha colombiana intenta reacomodarse frente al Gobierno de Gustavo Petro y ante el mapa electoral que se empieza a mover con miras a 2026. La salida de una figura de peso como Cabal, con una base propia de seguidores y una identidad política marcada, puede profundizar la dispersión de ese sector y obligar a otros liderazgos a redefinir alianzas, cuotas y candidaturas. En un país donde los partidos suelen funcionar más como plataformas de liderazgo que como organizaciones sólidas, esta clase de rupturas suelen traducirse en nuevas colectividades, más fragmentación y menos claridad para el votante.
Cabal, además, no es una dirigente cualquiera dentro del uribismo. Su estilo confrontacional, su discurso de mano dura y su capacidad de movilizar apoyos dentro y fuera del partido la convirtieron en una figura con autonomía propia. Por eso su decisión de apartarse no puede leerse solo como un trámite fallido, sino como un síntoma del desgaste de una colectividad que ha tenido dificultades para resolver sus diferencias sin perder cuadros importantes. Si consolida su movimiento, el efecto podría sentirse no solo en la competencia interna de la derecha, sino también en la forma en que se reorganiza la oposición en Colombia: más dividida, más personalista y, probablemente, más difícil de unificar frente a las próximas contiendas electorales.




