Santa Lucía celebra 25 años del Son de Negro, patrimonio vivo del Caribe
Imagen: El Tiempo (Colombia)
Santa Lucía abre este viernes una edición histórica del Festival El Son de Negro, con 40 agrupaciones y el sello de patrimonio de la Nación. La celebración cumple 25 años y refuerza la memoria afro del Caribe colombiano como parte viva de la identidad regional.
Santa Lucía, en el Atlántico, vuelve a poner en escena una de las expresiones culturales más potentes del Caribe colombiano: el Festival El Son de Negro, que desde este viernes celebrará sus 25 años de vida con 40 agrupaciones invitadas y el respaldo simbólico de haber sido reconocido como patrimonio de la Nación. No se trata solo de una fiesta cultural; es un acto de preservación de memoria afrodescendiente en una región donde la tradición oral, la música y la danza han sido herramientas de resistencia y pertenencia.
Según informó El Tiempo (Colombia), la nueva edición del festival llega con una programación nutrida que reunirá a conjuntos de distintos puntos del territorio, en una apuesta por mantener vigente una manifestación artística que ha sobrevivido gracias al trabajo comunitario y al relevo generacional. El Son de Negro, con su fuerza rítmica y su puesta en escena corporal, no es un simple espectáculo folclórico: es una expresión que narra historia, territorio y dignidad. Que 40 agrupaciones se convoquen en torno a esa tradición da cuenta de una circulación cultural que sigue viva pese a la presión de la homogeneización y al olvido institucional que durante años han sufrido muchas prácticas populares del Caribe.
La importancia de este aniversario va más allá de Santa Lucía. Cuando una manifestación como esta recibe el reconocimiento de patrimonio de la Nación, el mensaje es claro: el Estado admite que allí hay un bien cultural que debe protegerse, financiarse y enseñarse. Pero el verdadero desafío empieza después de la declaratoria. La pregunta no es solo cómo se celebra, sino cómo se garantiza que los jóvenes sigan aprendiendo los cantos, los toques, los pasos y el sentido profundo de esta tradición. En un país donde tantas expresiones afro han sido folklorizadas sin ser realmente fortalecidas, este festival funciona como recordatorio de que la identidad también se defiende con políticas públicas, no solo con aplausos.
El aniversario del Festival El Son de Negro deja, además, una lección para el Caribe colombiano: la cultura no es un adorno de temporada, sino una forma de resistencia social y de afirmación histórica. En medio de la incertidumbre que enfrentan muchas comunidades costeras por la desigualdad, el abandono estatal y la fragilidad de sus economías locales, estos encuentros se convierten en espacios de cohesión y orgullo colectivo. Celebrar 25 años no es poco; es demostrar que una tradición puede sostenerse cuando la comunidad la hace suya y la defiende como parte esencial de su memoria.




