Valle del Cauca activa en Roldanillo un plan para reconstruir miles de viviendas tras el sismo
Imagen: El Tiempo (Colombia)
El Valle del Cauca comenzó a mover una estrategia de autoconstrucción asistida en Roldanillo para atender a más de 300 mil personas que siguen sin hogar tras el terremoto. La apuesta busca acelerar la recuperación con apoyo técnico y mano de obra comunitaria.
A un mes del terremoto que dejó al Valle del Cauca con una emergencia habitacional de enormes proporciones, la Gobernación empezó a activar en Roldanillo un modelo de autoconstrucción asistida con el que busca acelerar la reconstrucción de viviendas y, al mismo tiempo, devolverle a miles de familias una ruta concreta para salir de la crisis. La iniciativa parte de una realidad dura: más de 300 mil personas siguen sin hogar, una cifra que dimensiona no solo la magnitud del desastre, sino también la presión política y social que enfrenta el gobierno departamental para ofrecer respuestas rápidas y viables.
El esquema que se puso en marcha combina acompañamiento técnico con participación directa de la comunidad, una fórmula que ha ganado terreno en contextos de emergencia por su capacidad de reducir costos, aprovechar capacidades locales y evitar que la recuperación dependa exclusivamente de contratistas o de trámites que suelen tardar meses. En la práctica, se trata de un modelo en el que el Estado no desaparece, pero tampoco intenta resolverlo todo solo: aporta orientación, diseño y supervisión, mientras las familias y las comunidades se involucran en la construcción o reconstrucción de sus propias viviendas. Según informó El Tiempo (Colombia), Roldanillo fue elegido como punto de arranque de esta apuesta que la administración departamental presenta como una salida posible frente a una crisis que supera cualquier respuesta tradicional.
La decisión no es menor. Después de un sismo de esta magnitud, el problema no se limita a levantar paredes: también implica reordenar territorios, resolver la falta de techo inmediato, garantizar condiciones mínimas de seguridad y evitar que la emergencia se convierta en un desastre social prolongado. Para un departamento como el Valle, donde la desigualdad territorial ya era evidente antes del terremoto, el reto ahora es doble: reconstruir sin excluir y hacerlo con una velocidad que no termine empujando a las familias más vulnerables a soluciones precarias o informales. Por eso importa tanto este modelo de autoconstrucción asistida: si funciona, podría convertirse en una ruta replicable en otros municipios golpeados; si falla, dejaría al descubierto las limitaciones estructurales del Estado para responder a una catástrofe de esta escala.
Más allá del anuncio, lo que está en juego es la capacidad del Valle del Cauca para transformar una promesa de reconstrucción en viviendas reales y habitables. En emergencias como esta, los gobiernos suelen medir su eficacia no solo por la ayuda que entregan en el corto plazo, sino por su capacidad de sostener soluciones en el tiempo. Para las familias que lo perdieron todo, la pregunta no es técnica ni administrativa: es cuándo volverán a dormir bajo un techo propio. Y esa respuesta, en buena medida, dependerá de si esta apuesta en Roldanillo logra convertir la solidaridad comunitaria en una política pública de reconstrucción que sí llegue a la gente.




