Bautista pide al CNE recuperar la confianza en el sistema electoral colombiano
Imagen: El Tiempo - Política
La magistrada Ana Jimena Bautista pidió que el Consejo Nacional Electoral ayude a recomponer la confianza en el sistema electoral colombiano, en medio de tensiones internas y una composición de fuerzas que complica las decisiones. Su mensaje llega cuando el país sigue discutiendo la credibilidad de sus árbitros políticos.
La magistrada Ana Jimena Bautista lanzó un mensaje que va más allá de la coyuntura interna del Consejo Nacional Electoral: si el organismo quiere recuperar legitimidad, debe convertirse en una herramienta para devolverle confianza al sistema electoral colombiano. Su señalamiento, hecho en diálogo con EL TIEMPO - Política, pone sobre la mesa una discusión de fondo en un país donde la credibilidad de las instituciones electorales suele quedar atrapada entre la polarización, las disputas partidistas y la sospecha ciudadana.
Bautista se refirió a la composición de fuerzas dentro del órgano electoral y a los desafíos que enfrenta en adelante, un tema que no es menor. El CNE no solo administra reglas y revisa actuaciones de campañas y partidos; también termina siendo un termómetro de la relación entre poder político e institucionalidad. Cuando sus decisiones se leen bajo la lógica de cuotas, bloques o mayorías circunstanciales, el costo no es únicamente interno. Se deteriora la percepción pública sobre la independencia del árbitro y, con ello, la confianza en los resultados y en las garantías del juego democrático. Por eso la magistrada insistió en que el reto no es solo jurídico o administrativo, sino también político e institucional.
El contexto es especialmente sensible. En Colombia, cada ciclo electoral deja reclamaciones sobre financiación, control de campañas, tiempos de decisión y trato desigual entre actores. A eso se suma la desconfianza extendida de buena parte de la ciudadanía frente a los organismos encargados de vigilar la competencia política. En ese escenario, el llamado de Bautista tiene una lectura clara: el CNE no puede limitarse a resolver expedientes o repartir correlaciones de fuerza entre magistrados; debe demostrar que sus actuaciones ayudan a blindar la transparencia del sistema. Eso importa porque la calidad de la democracia no depende solo de que haya elecciones, sino de que los ciudadanos crean que esas elecciones se vigilan con independencia y rigor.
La advertencia también tiene efectos hacia adelante. Si el órgano electoral no logra construir decisiones más sólidas, comprensibles y menos sujetas a la sospecha partidista, el debate sobre su legitimidad seguirá abierto y cada controversia terminará amplificada. En un país donde la política se juega tanto en las urnas como en los tribunales, la credibilidad del CNE se convierte en una pieza central para evitar que la disputa electoral se transforme en una crisis de confianza permanente. Ese es, en el fondo, el punto de Bautista: sin un árbitro respetado, la democracia colombiana queda expuesta a que cada elección se discuta no solo en votos, sino en sospechas.



