Crisis en la transición: presidente electo suspende empalme y denuncia intento de golpe
Imagen: El Tiempo - Política
El presidente electo encendió las alarmas al denunciar que el gobierno saliente tendría un plan para intentar un golpe de Estado en su contra. Además, llamó a las Fuerzas Militares a no prestarse para esa supuesta maniobra y suspendió el empalme.
La transición presidencial quedó abruptamente tensionada luego de que el presidente electo asegurara que el gobierno saliente estaría moviendo piezas para intentar un golpe de Estado en su contra. La acusación, de enorme gravedad institucional, vino acompañada de un llamado directo a las Fuerzas Militares, en el que pidió no prestarse para lo que describió como una maniobra contra su mandato y justificó así la suspensión del empalme entre ambas administraciones.
De acuerdo con lo informado por El Tiempo - Política, el pronunciamiento del mandatario electo se produjo en medio de un ambiente de creciente desconfianza entre las dos orillas del poder ejecutivo. En su mensaje, insistió en que el país tiene que cumplir el mandato legal derivado de las urnas, pero al mismo tiempo marcó distancia de cualquier diálogo técnico o político con quienes, según su visión, harían parte de una estructura hostil a la transición democrática. Esa postura no solo frena el protocolo de empalme, sino que eleva el tono de la disputa a un terreno delicado: el de la legitimidad institucional y la estabilidad del orden constitucional.
Lo que está en juego no es un intercambio anecdótico entre dos gobiernos, sino la normalidad misma de la sucesión presidencial. En Colombia, el empalme suele ser el momento en el que se entregan inventarios, decisiones en curso, compromisos fiscales y diagnósticos sobre seguridad, economía y programas sociales. Cuando ese proceso se rompe, aumenta el riesgo de que la nueva administración llegue con menos información, más sospechas y un clima político enrarecido. Y si además la discusión se contamina con señalamientos de conspiración y llamados a las Fuerzas Militares, el debate se desplaza del terreno administrativo al de una crisis de confianza entre instituciones que deberían garantizar la continuidad del Estado.
Por eso esta denuncia importa más allá del choque entre dos figuras políticas. Si el presidente electo logra sostener pruebas sobre sus afirmaciones, el país podría estar ante un escándalo de mayor alcance. Si no las presenta, el costo puede ser igualmente alto: una narrativa de ruptura que debilita la transición y alimenta la polarización. En cualquiera de los escenarios, la ciudadanía queda en el medio, observando cómo una etapa que debería ordenar el poder termina convertida en otro foco de confrontación nacional.




