Colombia

Constanza Bahamón, herida y sin movilidad, enfrenta trabas para recibir ayuda tras el terremoto

Hace 23 horas

Constanza Bahamón despertó en una UCI después del terremoto que destruyó su casa y le quitó a su madre. Hoy, además de las heridas físicas, enfrenta trabas para recibir ayuda mientras sigue sin poder caminar.

Constanza Bahamón sobrevivió al terremoto, pero el precio fue brutal: despertó en una unidad de cuidados intensivos con trauma en la cabeza y fracturas en el rostro y la espalda, después de perder a su madre y el hogar que compartían. La escena, recogida por El Tiempo (Colombia), concentra en una sola historia el drama de miles de damnificados que no solo deben reconstruir sus vidas desde cero, sino también sobrevivir a la lentitud institucional que suele aparecer después de la emergencia.

Según informó El Tiempo (Colombia), Bahamón permanece sin poder caminar y, además del dolor físico, carga con un duelo devastador. Su testimonio refleja una realidad que se repite en los desastres naturales: la atención médica de urgencia puede salvar vidas, pero la recuperación real depende de una red de apoyo que muchas veces llega tarde, incompleta o, peor aún, bloqueada por requisitos burocráticos difíciles de resolver cuando la víctima está en condición de vulnerabilidad. En su caso, el acceso a ayudas se ha convertido en otra batalla, una que exige trámites, certificaciones y respuestas que no siempre llegan con la misma rapidez con la que avanza la necesidad.

Este episodio importa porque muestra el costo humano de los desastres más allá de la cifra de muertos o de viviendas colapsadas. En Colombia, donde la atención a damnificados suele quedar atrapada entre alcaldías, gobernaciones y entidades nacionales, cada demora se traduce en más dolor, más dependencia y más incertidumbre para familias que lo perdieron todo. Cuando una persona herida, sin movilidad y en duelo debe pelear por asistencia básica, el problema ya no es solo humanitario: también es político y administrativo. La pregunta de fondo es si el Estado está diseñado para responder a tiempo o solo para reaccionar cuando la tragedia ya se volvió visible en televisión y redes.

La historia de Constanza Bahamón debería leerse como un llamado de alerta. Porque detrás de su nombre hay una víctima concreta, pero también una radiografía de las fallas que se repiten después de cada emergencia: ayudas fragmentadas, procedimientos confusos y una asistencia que muchas veces no alcanza a cubrir ni lo elemental. En desastres como este, el verdadero reto no termina cuando se apagan los titulares; empieza cuando los sobrevivientes descubren que reconstruir una vida puede ser más difícil que resistir el golpe inicial.

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