Política

Fasecolda le pone freno a la idea de unir el SOAT con la licencia de conducción

Hace 2 horas

La propuesta de atar el SOAT a la licencia de conducción abrió una nueva grieta entre el Congreso y el sector asegurador. Fasecolda advirtió que esa idea no nace del gremio y que, a su juicio, no corrige los problemas de fondo del sistema.

El debate en el Congreso sobre una eventual relación entre el SOAT y la licencia de conducción ya encontró un primer muro: Fasecolda se desmarcó por completo de la iniciativa. Gustavo Morales, presidente del gremio asegurador, le dijo a EL TIEMPO que la propuesta que entró en el proyecto de ley no responde a una postura del sector y que, por el contrario, no están de acuerdo con amarrar dos trámites que hoy cumplen funciones distintas dentro del sistema de tránsito y aseguramiento en Colombia.

La discusión no es menor. El SOAT, que nació como un seguro obligatorio para atender a las víctimas de accidentes de tránsito, se ha convertido con los años en uno de los instrumentos más sensibles del debate sobre movilidad, informalidad y evasión. El problema es evidente: una parte importante de los conductores sigue circulando sin la póliza vigente, lo que golpea la financiación del sistema y traslada costos al Estado y a las redes de atención médica. Pero, según el planteamiento que cuestiona Fasecolda, ligar ese seguro a la licencia no necesariamente ataca la raíz del incumplimiento y podría añadir una capa más de fricción administrativa para conductores que ya lidian con múltiples requisitos para estar al día.

Ahí está el punto de fondo. Cuando el Congreso introduce este tipo de medidas suele hacerlo con la promesa de mejorar el recaudo o cerrar espacios de evasión, pero la experiencia muestra que las soluciones de tipo “candado” no siempre producen el efecto esperado. En la práctica, atar el SOAT a la licencia podría convertir la renovación o mantenimiento del permiso de conducción en un nuevo filtro burocrático, con impactos desiguales: para algunos sería un mecanismo de control; para otros, especialmente para quienes viven en zonas con menor acceso a trámites digitales, una barrera adicional. Además, el debate toca una fibra política sensible: hasta qué punto el Estado debe usar un documento habilitante para conducir como herramienta de coerción en materia de seguros.

La posición de Fasecolda también revela algo más amplio: el pulso entre el Legislativo, que busca respuestas rápidas frente a la evasión, y los actores técnicos que reclaman medidas más estructurales. En un país donde millones dependen de motocicletas y vehículos particulares para trabajar, cualquier cambio sobre el SOAT no solo afecta a aseguradoras y congresistas, sino al bolsillo cotidiano de los conductores y a la atención de las víctimas en las vías. Por eso el debate no debería quedarse en un simple sí o no a una fórmula legal, sino en si la reforma realmente mejora la cobertura, reduce la evasión y protege mejor a quienes terminan pagando el costo de los accidentes de tránsito.

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