De La Espriella da por terminada la paz total al sancionar ley de sometimiento
Imagen: El Tiempo - Política
El presidente Abelardo De La Espriella dio por terminada la “paz total” al sancionar la ley de sometimiento y marcar un giro en su política de seguridad. El mensaje fue claro: no habrá beneficios para grupos armados sin compromisos verificables con la justicia, la autoridad y la reparación.
El presidente Abelardo De La Espriella cerró la puerta a la llamada “paz total” al sancionar la ley de sometimiento, una decisión que marca un giro político de alto impacto en la estrategia de seguridad del Gobierno. Con ese movimiento, el mandatario dejó claro que cualquier eventual beneficio para actores armados dependerá de compromisos reales y verificables, no de gestos simbólicos ni de anuncios ambiguos.
Según informó El Tiempo - Política, el jefe de Estado defendió que su administración no concederá ventajas sin exigencias concretas y situó tres pilares por encima de cualquier negociación: justicia, autoridad y reparación. En la práctica, eso significa que el Ejecutivo busca alejarse de la lógica de concesiones amplias que acompañó la discusión sobre la “paz total” y reforzar una postura más dura frente a quienes decidan acogerse a la ley de sometimiento.
El anuncio no es menor. En Colombia, cada cambio en la política de seguridad reordena expectativas entre víctimas, fuerzas armadas, autoridades regionales y grupos ilegales. La discusión no solo pasa por la eficacia de una estrategia para reducir la violencia, sino por el mensaje institucional que envía el Estado: si hay sometimiento, debe existir entrega de información, reparación y sometimiento a la ley; si no, no hay atajos. Para las comunidades que viven en zonas golpeadas por economías ilegales y control armado, la diferencia entre una política flexible y una de autoridad tiene efectos directos sobre seguridad, confianza institucional y presencia estatal.
El giro de De La Espriella también deja abierta una pregunta de fondo: si el Gobierno abandona el lenguaje de la “paz total”, ¿qué marco sustituirá esa promesa en un país donde persisten múltiples actores armados y fracturas territoriales? La respuesta dependerá de si esta ley se convierte en una herramienta eficaz de sometimiento o en otro intento de recentrar el debate en orden público sin resolver las causas estructurales de la violencia.


