Una estudiante rescató el Son de Pajarito, baile del Caribe que rozaba la desaparición
Imagen: El Tiempo (Colombia)
Una estudiante colombiana logró rescatar del olvido el Son de Pajarito, un baile casi extinto de Zapayán que sobrevivía solo en la memoria de sus últimos portadores. Su trabajo ya derivó en documental, festival y en una apuesta por convertir esta tradición en patrimonio vivo.
En Zapayán, en el Caribe colombiano, una tradición que estuvo a punto de borrarse del mapa cultural volvió a tomar forma gracias al trabajo de una estudiante investigadora. El Son de Pajarito, un baile que por años sobrevivió apenas en los recuerdos de sus últimos portadores, fue reconstruido a partir de testimonios, memoria oral y una pesquisa que terminó convirtiéndose en documental, festival y una apuesta por declararlo patrimonio vivo antes de que desaparezca del todo.
Según informó El Tiempo (Colombia), la joven investigadora reconstruyó esta manifestación cultural a partir de entrevistas con quienes todavía conservaban fragmentos del baile, sus pasos, su música y el sentido social que tenía en la comunidad. No se trató solo de recuperar una coreografía: el trabajo implicó volver sobre la historia de un territorio donde muchas expresiones tradicionales se han ido perdiendo por el paso del tiempo, la migración, la falta de transmisión generacional y el desinterés institucional que suele condenar estas prácticas al olvido.
Lo relevante de este hallazgo es que va más allá de la nostalgia. Cuando una danza desaparece, no se pierde únicamente un espectáculo folclórico; se pierde una forma de contar quiénes fueron esas comunidades, cómo celebraban, cómo se reconocían entre sí y qué papel tenía la memoria colectiva en su vida cotidiana. En el caso del Caribe colombiano, donde la riqueza cultural convive con una larga historia de abandono estatal, rescatar una tradición como el Son de Pajarito también es una forma de disputar el relato sobre qué merece ser preservado y qué se deja caer en nombre del “progreso”. Por eso importa que este proceso haya salido de una investigación joven y no de una burocracia cultural lenta o ausente.
El valor de este proyecto está en su efecto multiplicador. Convertir la reconstrucción en documental y festival permite que la tradición no quede encerrada en un archivo académico, sino que regrese al espacio público, donde realmente puede sobrevivir: en la práctica, en la transmisión entre generaciones y en el orgullo local. Si algo enseña el caso de Zapayán es que el patrimonio cultural no se conserva solo con placas o reconocimientos formales; se mantiene vivo cuando la gente lo hace suyo. Y en un país donde tantas expresiones regionales están al borde de la desaparición, ese gesto puede ser la diferencia entre recordar una tradición y perderla para siempre.




