65 adultos mayores sobrevivieron al terremoto en Cali, pero perdieron su hogar
Imagen: El Tiempo (Colombia)
Un grupo de 65 adultos mayores sobrevivió al terremoto en Cali mientras asistía a misa, pero la emergencia dejó su hogar inhabitable. Entre ellos hay dos personas mayores de 100 años, según relató una religiosa de la comunidad Hermanitas de los Pobres.
El terremoto que sacudió a Cali dejó una escena dura y reveladora: 65 adultos mayores que asistían a misa en la comunidad Hermanitas de los Pobres lograron salir con vida, pero perdieron la casa en la que vivían. Entre ellos hay dos personas centenarias, un dato que dimensiona todavía más la vulnerabilidad de quienes dependen por completo de este tipo de instituciones para sobrevivir y envejecer con dignidad. La emergencia no solo puso a prueba la capacidad de reacción de la comunidad religiosa, sino también la fragilidad de una población que, por edad y condición, enfrenta cualquier desastre con desventaja.
Según contó a EL TIEMPO una de las religiosas de la comunidad, el momento del sismo coincidió con la celebración religiosa y eso permitió que los adultos mayores estuvieran reunidos en un mismo espacio, lo que facilitó su evacuación. Sin embargo, el balance material fue severo: la infraestructura donde vivían quedó comprometida y hoy ya no pueden habitarla con seguridad. El contraste es brutal: vidas salvadas en minutos, pero un techo perdido en segundos. Para estas personas, muchas de ellas con movilidad reducida o con necesidades médicas permanentes, la emergencia no termina cuando deja de temblar; apenas empieza la preocupación por dónde dormir, cómo alimentarse y quién garantiza sus cuidados.
Lo ocurrido en Cali vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda pero necesaria: qué tan preparadas están las ciudades colombianas para proteger a sus poblaciones más frágiles cuando la naturaleza golpea. Los adultos mayores son, por definición, uno de los grupos más expuestos en desastres de este tipo, y si además viven en instituciones de caridad o asistencia, la dependencia es total. El caso de las Hermanitas de los Pobres muestra que la respuesta humanitaria no puede limitarse a la evacuación inmediata; también debe incluir alojamiento temporal, atención médica, apoyo psicosocial y recursos para reconstrucción o reubicación. De lo contrario, la supervivencia se convierte en un estado de precariedad prolongada.
Más allá del impacto local, este episodio sirve como radiografía de una realidad que se repite en América Latina: los desastres naturales no afectan a todos por igual. Golpean con más fuerza a quienes ya vivían al límite. En una ciudad como Cali, con una población envejecida creciente y con riesgos sísmicos conocidos, la protección de los adultos mayores debería ser una prioridad de primer orden. La historia de estos 65 sobrevivientes es, al mismo tiempo, una victoria humana y una alarma institucional: salvaron la vida, pero siguen esperando que alguien les devuelva la certeza de tener un hogar.



