Derrumbe en mina artesanal de Nariño deja 14 muertos y siete heridos
Imagen: El Tiempo (Colombia)
El derrumbe en una mina artesanal de oro en Santa Bárbara de Iscuandé, Nariño, dejó 14 muertos y siete heridos, en uno de los accidentes más graves recientes del departamento. El gobernador Luis Alfonso Escobar pidió revisar la situación de la minería artesanal ante el nuevo golpe a una zona marcada por la informalidad y el riesgo.
La tragedia en una mina artesanal de oro en Santa Bárbara de Iscuandé, Nariño, dejó 14 personas muertas y otras siete heridas, en un accidente que vuelve a poner bajo la lupa las condiciones en las que opera buena parte de la minería informal en esa zona del Pacífico nariñense. El gobernador Luis Alfonso Escobar pidió revisar de fondo la situación de la minería artesanal, tras el hecho que enluta a varias familias y expone, otra vez, la fragilidad de una actividad que suele desarrollarse sin controles suficientes.
Según informó El Tiempo (Colombia), el balance preliminar elevó a 14 el número de fallecidos luego del derrumbe registrado en la mina, mientras los heridos fueron atendidos por las autoridades y organismos de socorro. Aunque las circunstancias exactas del accidente aún deben esclarecerse por completo, el caso evidencia los riesgos permanentes a los que están expuestos quienes trabajan en explotaciones artesanales, donde las fallas en seguridad, la ausencia de infraestructura adecuada y la presión económica terminan creando un escenario propicio para las tragedias.
El llamado del gobernador Escobar no es menor: pone sobre la mesa una discusión que en Nariño se repite cada cierto tiempo, pero que pocas veces produce cambios estructurales. La minería artesanal, que para muchas comunidades representa sustento inmediato, también suele estar asociada a precariedad laboral, alta accidentalidad y, en algunos casos, a dinámicas ilegales o de control territorial. Por eso, lo ocurrido en Santa Bárbara de Iscuandé no debe leerse solo como un accidente aislado, sino como el reflejo de una problemática más amplia que combina abandono estatal, economía de subsistencia y peligro constante para los trabajadores.
Lo que pase ahora será clave: si las autoridades avanzan únicamente en el conteo de víctimas y en la atención de emergencia, o si este caso se convierte en un punto de inflexión para revisar permisos, condiciones técnicas y mecanismos de supervisión en la minería artesanal del departamento. Para las familias de las víctimas, el duelo ya empezó; para Nariño, el desafío es evitar que otra mina vuelva a convertirse en una fosa común.




