De la Espriella promete subir Colombia Mayor a 400 mil, pero alerta por falta de recursos
Imagen: El Tiempo - Política
Abelardo De la Espriella anunció que, si llega al poder, elevará a 400.000 pesos mensuales el subsidio de Colombia Mayor, pero advirtió que el programa está desfinanciado. La promesa pone sobre la mesa una pregunta clave: ¿de dónde saldrán los recursos para sostenerla?
Abelardo De la Espriella lanzó una promesa de alto impacto político y social: elevar el subsidio de Colombia Mayor a 400.000 pesos mensuales, una cifra muy por encima de la actual transferencia que reciben miles de adultos mayores en condición de vulnerabilidad. Pero el anuncio vino acompañado de una advertencia que no pasa desapercibida: según dijo, el programa enfrenta un desfinanciamiento que podría comprometer los próximos pagos si no se corrige la situación fiscal a tiempo.
La declaración, reseñada por El Tiempo - Política, abre un debate que va más allá de la campaña y toca una de las zonas más sensibles del gasto social en Colombia. Colombia Mayor es uno de los programas más visibles del Estado para atender a personas de la tercera edad que no cuentan con pensión ni ingresos estables, por lo que cualquier incremento en el subsidio tiene un efecto directo en la vida cotidiana de quienes dependen de ese dinero para alimentación, transporte o medicamentos. Sin embargo, prometer un aumento de esa magnitud exige algo más que voluntad política: requiere financiación permanente, reglas claras y una administración que no ponga en riesgo la continuidad del beneficio.
El problema de fondo es conocido en el país, aunque pocas veces se enfrenta con honestidad: los programas sociales suelen crecer en discurso más rápido que en respaldo presupuestal. Cuando un gobierno o un candidato promete ampliar transferencias sin explicar con precisión de dónde saldrán los fondos, el anuncio puede convertirse en una expectativa difícil de cumplir o, peor aún, en una presión adicional sobre unas finanzas públicas ya ajustadas. En el caso de Colombia Mayor, la discusión no solo debe centrarse en cuánto se entrega, sino en cuántos beneficiarios pueden ser cubiertos, con qué periodicidad y bajo qué sostenibilidad fiscal. Si el sistema ya muestra señales de ahogo, el debate debería incluir reformas estructurales y no únicamente aumentos nominales que suenan bien en campaña.
Para los adultos mayores más pobres, esta discusión no es abstracta. Un subsidio más alto puede significar comer mejor, pagar una medicina o resolver un gasto básico del mes; pero si la promesa se formula sin soporte financiero, el riesgo es convertir una necesidad urgente en otra frustración política. Por eso, el anuncio de De la Espriella deja una tensión evidente: plantea alivio social, pero también revela una alerta sobre la fragilidad del programa. En un país donde la vejez sin pensión es una realidad extendida, cualquier decisión sobre Colombia Mayor debería medirse no solo por su impacto electoral, sino por su viabilidad real y su capacidad para llegar, de forma estable, a quienes más lo necesitan.



