Política

Abelardo de la Espriella cuestiona al Gobierno Petro por mover fichas de paz en campaña

Hace 23 horas

Abelardo de la Espriella criticó al gobierno de Gustavo Petro por poner en marcha un proceso de zonas de ubicación temporal con disidencias justo en la recta final electoral. La discusión reabre el choque entre la apuesta de paz del Ejecutivo y el costo político de negociar en campaña.

Abelardo de la Espriella puso el dedo en una de las heridas más sensibles de la campaña: el momento político en el que el gobierno de Gustavo Petro decidió avanzar con un proceso de zonas de ubicación temporal para disidencias armadas. Según informó El Tiempo - Política, el candidato presidencial llamó la atención sobre el hecho de que esta decisión se produce en plena recta final del calendario electoral, cuando cada movimiento del Ejecutivo termina leído también en clave de votos, no solo de seguridad o negociación.

La crítica no es menor porque toca dos debates que hoy se cruzan de frente en Colombia: la política de paz del Gobierno y la desconfianza de una parte del país frente a cualquier concesión a grupos armados. De acuerdo con la información conocida, De la Espriella cuestionó que el anuncio o la activación de este proceso coincida con el tramo decisivo de la campaña, un momento en el que los candidatos buscan marcar distancia con Petro y capitalizar el desgaste acumulado por temas como la inseguridad, la fragmentación del orden público y el cansancio ciudadano frente a negociaciones que no siempre se traducen en resultados visibles.

Lo que está en juego va más allá de una pelea entre un candidato y el gobierno de turno. En Colombia, las decisiones sobre zonas de ubicación temporal, ceses, acercamientos o facilidades para estructuras armadas suelen activar una reacción inmediata en la opinión pública: para unos, son instrumentos necesarios para destrabar conflictos; para otros, son señales de impunidad o de debilidad estatal. Por eso el timing importa tanto. Cuando estas iniciativas aparecen en época electoral, el debate se contamina de sospechas, los adversarios las usan como munición política y la ciudadanía termina preguntándose si la prioridad real es desescalar la violencia o administrar el relato de campaña.

Esa es, en el fondo, la verdadera dimensión del episodio. La candidatura de De la Espriella se alimenta de un discurso duro frente al gobierno y frente a cualquier concesión con actores ilegales, mientras el petrismo intenta sostener que la negociación es parte de una estrategia de Estado y no una maniobra electoral. Pero el problema para el Ejecutivo es que, en la calle, la gente no suele separar con tanta facilidad la paz de la política. Si el Gobierno quiere convencer, tendrá que explicar con precisión qué gana el país con estas zonas, qué controles existirán y por qué ahora. En una campaña tan polarizada, la percepción puede pesar tanto como la medida misma.

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