De La Espriella anticipa su apuesta de seguridad y define la cúpula de la Policía
Imagen: El Tiempo - Política
Abelardo De La Espriella ya definió quiénes encabezarán la Policía en su eventual gobierno: el general en retiro Alejandro Barrera será el director y Norberto Mujica ocupará la subdirección. Ambos fueron apartados del servicio durante la administración de Gustavo Petro.
Abelardo De La Espriella empezó a mover sus fichas antes de que siquiera arranque una campaña en firme, y lo hizo en uno de los terrenos más sensibles del Estado: la Policía Nacional. Según informó El Tiempo - Política, el abogado y precandidato definió que el general en retiro Alejandro Barrera asumiría la dirección de la institución y que Norberto Mujica sería su subdirector, una decisión que no solo anticipa el tipo de seguridad que imagina, sino también el pulso político que pretende dar frente al gobierno de Gustavo Petro.
El dato clave no es solo la designación, sino quiénes quedaron al frente de esa apuesta. Barrera y Mujica fueron retirados del servicio durante la administración Petro, un antecedente que convierte este anuncio en una señal de ruptura con la actual línea de mando y de visión sobre el orden público. En otras palabras, De La Espriella no está escogiendo figuras neutrales: está enviando un mensaje político claro sobre restauración de autoridad, reapertura de puertas para oficiales apartados y giro en la relación entre el poder civil y la fuerza pública. En un país donde la seguridad sigue marcando el debate nacional, ese tipo de definiciones pesan más que un simple nombre en un organigrama.
Lo que está en juego va mucho más allá de dos cargos. La Policía en Colombia ha sido uno de los centros de la discusión pública por la crisis de inseguridad, la presión sobre el control territorial, el aumento de economías ilegales y el desgaste institucional que deja cualquier reforma mal calibrada. Por eso, cuando un aspirante define desde ya a quienes pondría al mando, también está proponiendo una lectura del país: una donde el énfasis estaría en la línea dura, la disciplina interna y una reversión de decisiones tomadas en la actual administración. Para sectores que reclaman mano firme, esta movida puede sonar atractiva; para quienes defienden la depuración institucional y los cambios en la fuerza pública, la señal puede leerse como un retroceso.
El anuncio también tiene una carga simbólica evidente. En política, nombrar a los jefes de la Policía no es solo una cuestión de gestión futura, sino una forma de marcar territorio antes de llegar al poder. De La Espriella parece entender que la seguridad será una de las banderas más rentables y más disputadas en cualquier contienda presidencial, y por eso está tratando de fijar desde ahora su narrativa: orden, autoridad y reversión de lo que considera errores del petrismo. Falta ver si esa estrategia le da réditos en la opinión pública o si, por el contrario, reabre el debate sobre el uso político de la Fuerza Pública en un país que todavía no termina de resolver el equilibrio entre seguridad, democracia y control civil.




