De la Espriella cierra la puerta a una constituyente en un eventual gobierno suyo

Imagen: infobae colombia
Abelardo de la Espriella marcó distancia frente a una eventual asamblea constituyente y aseguró que, si llega al poder, su gobierno no pondrá en duda la Constitución. La aclaración busca frenar lecturas sobre su proyecto político y fijar un mensaje de orden institucional.
Abelardo de la Espriella intentó bajar el tono de una de las discusiones más sensibles de la política colombiana: la posibilidad de una asamblea constituyente. El líder del movimiento Defensores de la Patria dejó claro que, en caso de llegar a la Casa de Nariño, su administración se movería dentro del marco constitucional y no sobre la idea de reescribir las reglas del juego. La señal no es menor en un país donde cualquier mención a una constituyente activa alarmas, entusiasmos y lecturas cruzadas sobre el rumbo democrático.
Según informó infobae colombia, de la Espriella insistió en que una cosa es que los promotores de una iniciativa actúen dentro de la ley y otra muy distinta que esa propuesta logre prosperar. Esa precisión le sirve para blindarse de acusaciones sobre aventuras institucionales, pero también para mantener abierta la conversación en su base política, que suele responder con fuerza a los discursos de orden, autoridad y defensa del sistema. En otras palabras: no cierra del todo el debate, pero sí intenta separar su proyecto presidencial de cualquier insinuación de ruptura constitucional.
El asunto importa porque en Colombia la palabra “constituyente” no es un simple recurso retórico. Evoca cambios de fondo, tensiones entre ramas del poder y la posibilidad de alterar el equilibrio institucional. En un momento político marcado por la polarización, los liderazgos que se acercan a esa idea suelen capitalizar frustraciones ciudadanas, pero también enfrentan el costo de generar incertidumbre en sectores que ven en esos llamados una amenaza a la estabilidad jurídica. Por eso la postura de de la Espriella puede leerse en dos niveles: como un gesto de prudencia frente al centro político y como una jugada para no perder la energía de su electorado más duro.
Para el ciudadano común, lo que está en juego no es una discusión abstracta entre juristas y políticos. Una constituyente puede abrir la puerta a reformas profundas en materias que afectan la vida diaria: justicia, seguridad, equilibrio de poderes, derechos y reglas económicas. De ahí que cada vez que un candidato o movimiento insinúa esa ruta, el debate se traslade de inmediato a la pregunta clave: ¿quiere corregir el sistema o refundarlo? La respuesta de de la Espriella, al menos por ahora, busca ubicarse del lado de la continuidad institucional. Pero en una campaña donde las definiciones pesan tanto como las promesas, esa aclaración también revela algo más: la batalla por el centro político en Colombia ya empezó, y se libra con el lenguaje del miedo, la legalidad y la gobernabilidad.



