Política

De la Espriella promete subir Colombia Mayor y mover la Casa de Nariño a Barranquilla

Hace 3 horas

Abelardo De la Espriella volvió a poner sobre la mesa una promesa de alto impacto social: subir a 400.000 pesos mensuales el subsidio de Colombia Mayor. También habló de construir una nueva casa presidencial en Barranquilla, una señal política con carga simbólica y fiscal.

Abelardo De la Espriella reapareció este 3 de agosto con dos anuncios que, más allá del gesto político, buscan marcar agenda: por un lado, prometió elevar a 400.000 pesos mensuales el subsidio del programa Colombia Mayor; por el otro, habló de levantar una nueva casa presidencial en Barranquilla, capital del Atlántico. En un país donde el debate público suele quedar atrapado entre la urgencia social y las grandes obras de poder, ambas ideas funcionan como mensaje y como prueba de fuego: una apunta a los adultos mayores de menores ingresos, la otra a la arquitectura simbólica del Estado.

La propuesta sobre Colombia Mayor toca una de las heridas más sensibles del país. Ese programa, creado para entregar un apoyo económico a personas mayores sin pensión o en condición de vulnerabilidad, ha sido históricamente insuficiente frente al costo real de la vida. Un aumento a 400.000 pesos mensuales supondría una expansión enorme del gasto público y, por tanto, obligaría a explicar de dónde saldrían los recursos, qué cobertura tendría y cómo se evitaría que la promesa se quede en un titular atractivo pero inviable. En paralelo, la referencia a una nueva casa presidencial en Barranquilla abre otra discusión: no solo la del gasto estatal, sino la del mensaje político que se envía cuando un aspirante o presidente electo decide mover el centro del poder hacia la costa Caribe.

Hay aquí un trasfondo que no puede ignorarse. En Colombia, las promesas sociales de gran alcance suelen ganar aplausos inmediatos porque responden a necesidades reales y a una población envejecida que ha sido históricamente relegada por el sistema pensional. Pero también suelen chocar con la aritmética fiscal, que termina definiendo si el anuncio es una reforma seria o una apuesta de campaña. En el caso de la eventual casa presidencial en Barranquilla, el simbolismo pesa tanto como la infraestructura: descentralizar el poder puede leerse como una ruptura con la lógica bogotana del Estado, aunque también plantea dudas sobre costos, prioridades y utilidad administrativa. No es un detalle menor que estas ideas aparezcan en una coyuntura en la que la opinión pública colombiana examina con lupa cada promesa vinculada al bienestar social y al uso de los recursos públicos.

Por eso el anuncio de De la Espriella merece algo más que ruido en redes. Si de verdad pretende subir el subsidio de Colombia Mayor a 400.000 pesos, tendrá que demostrar viabilidad presupuestal, mecanismos de focalización y sostenibilidad en el tiempo. Y si insiste en una nueva sede presidencial en Barranquilla, deberá explicar si se trata de una apuesta de descentralización institucional o de una pieza más en la disputa por el relato político nacional. En ambos casos, el debate de fondo es el mismo: qué tan lejos está la propuesta de la realidad financiera del país y cuánto de esa narrativa puede convertirse en política pública concreta.

Noticias relacionadas