De la Espriella patrulló Santa Marta con chaleco antibalas y desafió a las bandas

Imagen: infobae colombia
Abelardo de la Espriella apareció en Santa Marta con chaleco antibalas y recorrió barrios de la ciudad junto a la Fuerza Pública. Desde allí lanzó un mensaje directo contra Los Pachenca, los Conquistadores de la Sierra y el Clan del Golfo.
Abelardo de la Espriella llegó a Santa Marta con chaleco antibalas y salió a patrullar varios sectores de la capital del Magdalena en medio de un discurso de confrontación abierta contra las estructuras criminales que operan en la ciudad. El mandatario aseguró que la Fuerza Pública mantiene presencia constante en los barrios y lanzó una advertencia directa a Los Pachenca, los Conquistadores de la Sierra y el Clan del Golfo, a los que responsabilizó del miedo que todavía persiste en amplias zonas urbanas y periféricas.
La imagen del jefe de Estado recorriendo calles bajo protección reforzada no es menor: refleja, por un lado, el nivel de amenaza que reconoce el Gobierno en Santa Marta y, por otro, el intento de mostrar control territorial frente a organizaciones que disputan rentas ilegales, extorsión y corredores estratégicos en la costa Caribe. Según informó Infobae Colombia, De la Espriella insistió en que la Fuerza Pública no ha bajado la guardia y que los patrullajes continúan como parte de una estrategia para contener a los grupos armados que presionan a comerciantes, transportadores y residentes en distintos barrios.
El trasfondo de este mensaje es más amplio que una visita simbólica. Santa Marta ha cargado durante años con una combinación explosiva de turismo, desigualdad urbana y presencia de estructuras criminales que se mueven entre la costa, la Sierra Nevada y los municipios cercanos. En ese escenario, cada despliegue de seguridad se convierte también en una prueba política: si el Estado logra sostener presencia real en los barrios, puede reducir la capacidad de intimidación de esas bandas; si no, las advertencias quedan como retórica. Por eso importa lo que ocurre en la capital del Magdalena: porque lo que allí se decida afecta la seguridad cotidiana de miles de personas que viven entre el temor al cobro de vacunas, las disputas por territorio y la incertidumbre de no saber quién manda realmente en la calle.
El mensaje de De la Espriella también se inscribe en una tendencia que se repite en otras ciudades del país: los gobiernos regionales y nacionales recurren cada vez más a símbolos de fuerza para comunicar autoridad frente al crimen organizado. Pero la experiencia colombiana demuestra que patrullar no basta si no va acompañado de inteligencia, judicialización, control financiero y una presencia institucional sostenida. En Santa Marta, la pregunta de fondo sigue siendo la misma: cuánto control real tiene el Estado sobre el territorio y cuánto de ese control sigue en disputa con los grupos armados que el mandatario prometió enfrentar sin concesiones.




