Política

De La Espriella abre su mandato con un veto político a Samper y Santos

Hace 6 horas

Abelardo De La Espriella decidió excluir de su posesión presidencial a Ernesto Samper y Juan Manuel Santos, una señal política que va más allá del protocolo. La instrucción, revelada por Semana, marca desde ya el tono confrontacional de su llegada al poder.

Abelardo De La Espriella comenzó a perfilar su Presidencia con un gesto que dice más que cualquier discurso de investidura: no invitó a Ernesto Samper ni a Juan Manuel Santos a su ceremonia de posesión. La decisión, revelada por la revista Semana y atribuida a instrucciones directas del presidente electo a su equipo de protocolo, convierte el acto de juramentación en una primera demostración de fuerza política y de ruptura con dos figuras que han marcado la historia reciente del país.

De acuerdo con la información conocida, el veto a los expresidentes no fue un descuido ni una omisión administrativa, sino una línea deliberada dentro de la organización del evento. En la práctica, eso significa que De La Espriella no solo está definiendo quiénes lo acompañarán en un momento simbólico de alto perfil institucional, sino también a quiénes quiere marcar distancia desde el primer día. Samper y Santos representan dos momentos clave del poder en Colombia: el primero, asociado a una época de fuertes cuestionamientos políticos; el segundo, al proceso de paz con las FARC y a una tradición de centro liberal que el presidente electo parece querer confrontar sin matices.

El gesto importa porque en Colombia las posesiones presidenciales no son una simple ceremonia social: son una radiografía del mapa de alianzas, tensiones y jerarquías que acompañan al nuevo gobierno. Excluir a exmandatarios puede leerse como un mensaje para su base más dura, pero también como una advertencia sobre el tipo de relación que De La Espriella quiere construir con la clase política tradicional. En un país acostumbrado a los símbolos de conciliación en los actos de posesión, la decisión apunta en dirección contraria: menos unidad nacional, más depuración política. Y eso, en un escenario de alta polarización, puede tener consecuencias en la gobernabilidad desde el primer día.

Más allá del protocolo, este episodio ayuda a entender el estilo con el que De La Espriella parece dispuesto a ejercer el poder: frontal, selectivo y con carga de confrontación. La pregunta de fondo no es solo por qué dejó por fuera a Samper y Santos, sino qué clase de Presidencia quiere inaugurar con esa exclusión. En un país donde las formas institucionales suelen ser también un lenguaje político, la señal es clara: el nuevo mandatario no parece interesado en tender puentes con el pasado que representa a quienes decidió dejar afuera de su posesión.

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