De la Espriella arranca empalme en Casanare con foco en la emergencia por inundaciones
Imagen: El Tiempo - Política
Abelardo De la Espriella comenzó en Casanare el empalme regional antes de asumir el poder y puso las inundaciones como prioridad inmediata. En una reunión con el gobernador César Ortiz y los alcaldes del departamento, buscó ordenar la respuesta institucional desde ya.
Abelardo De la Espriella arrancó en Casanare el empalme regional con un mensaje político y administrativo claro: la emergencia por las inundaciones no puede esperar al cambio de gobierno. Este sábado, el presidente electo se reunió con el gobernador César Ortiz y con los alcaldes de los 19 municipios del departamento para revisar de primera mano la situación que golpea a varias zonas del territorio, en un gesto que anticipa que la gestión de desastres será una de las primeras pruebas de su administración.
La reunión no fue un acto protocolario más. Según informó El Tiempo - Política, el encuentro se centró en la crisis provocada por las lluvias y el desbordamiento de cuerpos de agua en Casanare, una región históricamente vulnerable a los efectos del invierno y a la fragilidad de su infraestructura vial y rural. El hecho de que el presidente electo haya empezado por allí envía una señal concreta: quiere mostrar cercanía con las autoridades locales y acelerar la coordinación institucional desde el día uno. En la práctica, eso significa alinear recursos, definir responsabilidades y dejar claro qué puede resolverse de inmediato y qué requerirá apoyo nacional.
El contexto importa, porque Casanare no solo enfrenta una emergencia climática puntual; también arrastra problemas estructurales que se repiten cada temporada de lluvias. Las inundaciones afectan vías terciarias, cultivos, acceso a servicios básicos y movilidad entre municipios, con impactos directos sobre campesinos, transportadores y familias que dependen del acceso terrestre para vender productos, ir a escuelas o llegar a centros de salud. Por eso, cuando un nuevo gobierno pone este tema al frente de su agenda territorial, el asunto trasciende lo local: es una prueba de capacidad estatal en una de las regiones más expuestas del país. Si el empalme logra traducirse en decisiones rápidas, Casanare podría convertirse en un primer termómetro de cómo se comportará el nuevo poder frente a las urgencias reales del territorio.
Más allá de la foto con el gobernador y los alcaldes, el trasfondo es político. De la Espriella parece entender que la legitimidad de un gobierno recién electo no se juega solo en el discurso nacional, sino en su capacidad de responder a crisis concretas en las regiones. Y en Casanare, donde el agua ya está marcando la agenda, la prueba será si ese empalme temprano se convierte en obras, alivios y coordinación efectiva o si termina siendo apenas una señal simbólica en medio de una emergencia que no da tregua.




