Abiy inicia su segundo mandato en Etiopía en medio de una guerra abierta en Tigré
Abiy Ahmed inició su segundo mandato en Etiopía en medio de una ofensiva militar en Tigré y de crecientes temores por una nueva guerra interna. Su investidura llega con el país fragmentado, la oposición bajo presión y un frente rebelde cada vez más amplio.
El primer ministro de Etiopía, Abiy Ahmed, inició este lunes un segundo mandato de cinco años en un país que vuelve a mirarse al abismo: mientras juraba el cargo en Adís Abeba, el Ejército y sus milicias aliadas seguían avanzando contra los rebeldes en la región norteña de Tigré. La ceremonia marca el arranque de la séptima legislatura etíope, pero lo hace en un escenario mucho más cercano a la guerra que a la estabilidad institucional que cualquier investidura pretende proyectar.
Abiy asumió ante el Parlamento reunido en sesión conjunta, en presencia del presidente Taye Atske-Selassie, después de que su Partido de la Prosperidad revalidara la mayoría absoluta en las elecciones generales del pasado 1 de junio. Sin embargo, el resultado electoral no despeja las dudas sobre la salud democrática del país: la oposición denunció represión durante el proceso, el Estado conserva un fuerte control sobre los medios de comunicación y varias regiones siguen atrapadas en conflictos armados alimentados por tensiones étnicas y por la debilidad de los mecanismos de mediación política.
Lo más delicado para Abiy no está en el protocolo, sino en el frente militar. Según informó EFE, el Ejército etíope ha conseguido avances rápidos en Tigré desde que se intensificaron los bombardeos y los combates con drones, mientras el Frente Popular de Liberación de Tigré declaró una “guerra defensiva” el 23 de septiembre. Este fin de semana, además, los rebeldes perdieron el control de Mekelle, la capital regional, y trasladaron su administración insurgente a un lugar no revelado. A ese escenario se suma una alianza de siete grupos rebeldes y opositores, entre ellos el FPLT, el movimiento nacionalista amhara Fano y el Ejército de Liberación Oromo, que busca sacar a Abiy del poder e impulsar un gobierno de transición “inclusivo”.
La magnitud del riesgo no es menor. Etiopía ya vivió entre 2020 y 2022 una guerra devastadora entre el Gobierno y el FPLT que, según la Unión Africana, dejó al menos 600.000 muertos. Ese antecedente explica por qué cada movimiento en Tigré se lee hoy como mucho más que una disputa regional: es una prueba de resistencia para el Estado etíope y una advertencia para África oriental, una zona donde la inestabilidad política suele desbordar fronteras. Abiy, que llegó al poder en 2018 como símbolo de apertura y reforma, enfrenta ahora el desafío de gobernar un país exhausto, polarizado y con varias guerras latentes al mismo tiempo. Lo que ocurra en las próximas semanas dirá si su segundo mandato arranca como una oportunidad de recomposición o como el preludio de otro conflicto de gran escala.



