Estudiantes franceses intensifican protesta y amplían presión sobre Macron

Imagen: clarin colombia
Estudiantes secundarios y universitarios volvieron a marchar en Francia por mejores condiciones edilicias, más docentes y cambios en el ingreso a las facultades. La protesta ya alcanzó al 90% de las universidades y mantiene cerrados más de 200 liceos.
Los estudiantes franceses volvieron a tomar las calles en una quinta jornada de movilización que confirma que el conflicto está lejos de apagarse. La protesta, impulsada por alumnos de secundaria y universidades, reclama mejor infraestructura, más profesores y una revisión del sistema de acceso a la educación superior, en medio de una creciente presión sobre el gobierno de Emmanuel Macron.
Según informó Clarín Colombia, el movimiento cuenta con el respaldo del 54 por ciento de la población y ya tiene un impacto masivo en el sistema educativo: afecta al 90 por ciento de las universidades y mantiene cerrados más de doscientos liceos. La adhesión de una figura como Greta Thunberg le suma visibilidad internacional a una protesta que dejó de ser un reclamo estudiantil aislado para transformarse en un síntoma del malestar social con el rumbo de la educación pública francesa.
El alcance del paro revela algo más profundo que una disputa coyuntural. En Francia, donde la universidad pública ha sido históricamente un símbolo de ascenso social, las denuncias por aulas deterioradas, falta de personal docente y filtros de ingreso cada vez más exigentes tocan una fibra sensible: la promesa de igualdad de oportunidades. Por eso el conflicto interpela no solo al Ejecutivo, sino también a un sistema que viene mostrando tensiones entre masificación, recortes y selectividad. Y si el gobierno insiste en minimizar el problema, la calle parece estar diciéndole lo contrario.
La fortaleza de esta quinta marcha está en su persistencia y en su capacidad de sumar apoyos fuera del campus. Cuando un movimiento estudiantil logra sostenerse, cerrar instituciones y conservar respaldo social mayoritario, obliga al poder político a responder. La pregunta ya no es si la protesta tiene legitimidad, sino cuánto está dispuesto Macron a ceder antes de que la crisis educativa se convierta en un costo político más alto.




