Sánchez acelera el decreto de vivienda mientras Sumar aprieta al PSOE y la calle sigue en pie

Imagen: El País
Pedro Sánchez ha admitido que el Ejecutivo trabaja contra reloj para sacar adelante el decreto de vivienda el martes, en medio de la presión de Sumar para blindar las medidas la próxima semana. La pugna deja ver la fragilidad de la mayoría y el pulso político por una crisis que ya golpea a miles de hogares.
El Gobierno de Pedro Sánchez intenta cerrar a toda velocidad un decreto de vivienda que podría llegar al Consejo de Ministros el próximo martes, en un momento en que la presión política y social sobre el precio del alquiler y los desahucios no deja de crecer. El presidente ha reconocido que el Ejecutivo trabaja “a contrarreloj”, una frase que no solo describe la urgencia técnica del texto, sino también la debilidad del margen político con el que cuenta Moncloa para sacar adelante una de las medidas más sensibles de la legislatura.
La negociación se ha convertido en un termómetro de la estabilidad interna de la coalición. Sumar ha incrementado la exigencia sobre el PSOE para que las medidas se aprueben la semana que viene y no se dilaten más, consciente de que el desgaste por la vivienda se traduce en calle, en voto y en credibilidad. La imagen de la acampada en Sol contra los desahucios, con cientos de personas organizando comida, actividades y resistiendo en el centro de Madrid, funciona como recordatorio visible de que el problema ya no es una discusión técnica entre ministerios: es una crisis social que ha empujado a familias enteras a la movilización.
Este choque llega cuando el mercado residencial sigue expulsando a los hogares con menos ingresos y cuando la vivienda se ha consolidado como uno de los principales factores de ansiedad en España, especialmente entre jóvenes, trabajadores precarios y familias que destinan una parte cada vez mayor de sus salarios al alquiler. La dificultad para aprobar un decreto con medidas concretas revela algo más profundo: el Gobierno sabe que no puede permitirse otra respuesta tibia en un asunto que define la vida cotidiana de millones de personas, pero también sabe que cualquier paso en falso puede abrir fisuras dentro de su propia mayoría parlamentaria. En términos políticos, la vivienda ya no es solo una cartera ministerial; es una prueba de supervivencia para la coalición.
La presión de Sumar sobre el PSOE añade una capa adicional de tensión porque pone sobre la mesa una pregunta que va más allá del calendario legislativo: si el Ejecutivo es capaz de transformar la urgencia en políticas efectivas antes de que la calle siga marcando la agenda. La respuesta no solo afectará al futuro inmediato del Gobierno, sino también a la percepción de si la izquierda española puede ofrecer una salida real a uno de los problemas que más está erosionando la confianza ciudadana. En barrios donde el alquiler se lleva medio sueldo y en ciudades donde un desahucio puede romper una vida en semanas, el debate sobre este decreto ya no se mira desde la tribuna parlamentaria: se mide en estabilidad, miedo y posibilidad de seguir viviendo en casa propia o alquilada.

