Colombia

Quilcué se aparta de los cara a cara y lanza una crítica al tono de la campaña

Hace 3 horas

Aida Quilcué justificó su ausencia en los encuentros cara a cara con José Manuel Restrepo y dijo que su campaña prioriza el diálogo directo con la ciudadanía. La líder indígena también cuestionó esas convocatorias por considerarlas parte de una disputa política desleal y discriminatoria.

La líder indígena Aida Quilcué, una de las voces más visibles del Pacto Histórico, decidió marcar distancia de los encuentros “cara a cara” con José Manuel Restrepo y explicó que su prioridad no está en los formatos cerrados de campaña, sino en hablar de frente con la gente en los territorios. Su postura no es menor: en un momento en que la contienda política en Colombia se mueve entre tarimas, foros y debates mediáticos, Quilcué está enviando una señal clara sobre dónde cree que se gana legitimidad y respaldo ciudadano.

Según informó infobae colombia, Quilcué sostuvo que no ve sentido en convertir su agenda en una secuencia de invitaciones que, a su juicio, no representan un debate serio con las comunidades. La dirigente defendió que su trabajo político debe concentrarse en el contacto directo con el pueblo, una apuesta coherente con el discurso de representación social y territorial que ha caracterizado al Pacto Histórico. En paralelo, elevó el tono de la discusión al afirmar que detrás de estas convocatorias habría una intención política desleal y atravesada por el racismo, una denuncia que golpea el centro mismo de la campaña y no solo la forma del debate.

El episodio importa porque revela algo más profundo que una simple ausencia en un foro: expone la tensión entre la política tradicional, basada en escenografías controladas, y la demanda de sectores que reclaman interlocución real con el Estado y los candidatos. En Colombia, donde la población indígena ha sido históricamente marginada de las grandes conversaciones nacionales, la palabra “racismo” no es un adorno retórico; es una acusación con peso histórico y político. Quilcué, al poner ese concepto sobre la mesa, obliga a leer la campaña no solo como competencia electoral, sino como una disputa por quién puede hablar, desde dónde y con qué legitimidad.

Para el electorado, especialmente en regiones rurales y comunidades étnicas, el mensaje tiene una lectura concreta: no todas las campañas se hacen igual ni todos los formatos garantizan igualdad. Al rechazar los cara a cara en esos términos, Quilcué busca fortalecer una narrativa de cercanía con las bases y al mismo tiempo cuestionar un sistema político que, muchas veces, invita a los liderazgos alternativos solo cuando el escenario ya está diseñado para incomodarlos. En esa grieta entre el debate institucional y la conversación territorial se juega, en buena medida, la pelea por el sentido de la política en Colombia.

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