Colombia

Tuluá pide refuerzo urgente tras ataque a Barragán y alerta por disidencias

Hace 1 hora

El alcalde de Tuluá pidió al Gobierno de Daniel de la Espriella reforzar de inmediato la seguridad en la zona rural, tras el ataque contra la estación de Policía de Barragán. Gustavo Vélez alertó sobre la presencia de disidencias en la parte alta del municipio.

La ofensiva armada contra la estación de Policía de Barragán volvió a poner a Tuluá en el mapa de la inseguridad rural en el Valle del Cauca. Tras el ataque, el alcalde Gustavo Vélez le pidió al Gobierno de Daniel de la Espriella apoyo urgente para reforzar la presencia de la Fuerza Pública en la zona alta del municipio, donde, según su advertencia, ya hay señales claras de control y presión de disidencias armadas.

De acuerdo con lo informado por Infobae Colombia, Vélez no solo reclamó una reacción inmediata del nivel nacional, sino que insistió en que la situación en el corredor rural no puede leerse como un hecho aislado. El mandatario local sostiene que la amenaza sobre Barragán refleja un problema más amplio: la capacidad de grupos armados ilegales para moverse, intimidar y disputar territorio en áreas donde el Estado sigue llegando con dificultad. En ese escenario, el refuerzo policial y militar deja de ser un asunto operativo y se convierte en una necesidad de control institucional.

El caso de Tuluá encaja en una dinámica conocida para varias zonas del país: cuando las disidencias se consolidan en la periferia rural, la violencia termina desbordando los cascos urbanos y golpeando a la población civil primero a través del miedo, luego con restricciones a la movilidad y más tarde con el riesgo de ataques directos. Por eso la petición del alcalde no es solo un llamado de orden público; también es una advertencia sobre la fragilidad del control estatal en corredores estratégicos del Valle, una región donde confluyen economías ilegales, disputas por rutas y una ciudadanía que vive entre retenes improvisados, amenazas y presencia intermitente de la autoridad.

Lo que ocurra en Tuluá en los próximos días servirá como termómetro para medir la respuesta del Gobierno frente a una violencia que se recicla en los territorios. Si no hay un despliegue sostenido y coordinación real entre Policía, Ejército y autoridades civiles, el mensaje que queda en la zona rural es el de siempre: que los grupos armados llegan primero que el Estado y se quedan más tiempo que él.

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