Éder alerta que la coca ya rodea Cali y culpa al Gobierno por dejar crecer el narco
Imagen: infobae
Alejandro Éder advirtió que los cultivos de coca y la producción de cocaína ya están alcanzando las laderas de Cali, una señal que, según él, confirma el deterioro de la seguridad en el suroccidente. El alcalde responsabilizó la falta de una política clara del gobierno de Gustavo Petro por el avance del narcotráfico.
Alejandro Éder encendió las alarmas en Cali al afirmar que los cultivos de coca y la producción de cocaína ya están llegando “a las faldas” de la ciudad, un fenómeno que para el alcalde refleja un deterioro serio de la seguridad en el suroccidente colombiano. Su mensaje no es menor: pone sobre la mesa que el narcotráfico ya no solo golpea zonas rurales apartadas, sino que avanza hacia áreas urbanas y amenaza de forma directa la estabilidad de la capital del Valle del Cauca.
De acuerdo con lo informado por Infobae, Éder atribuyó esta situación a la ausencia de una política clara por parte del gobierno saliente de Gustavo Petro. En su diagnóstico, la falta de una estrategia definida frente al cultivo, la producción y la expansión de la coca ha permitido que los actores ilegales ganen terreno. El alcalde describió el panorama como “absurdo”, una expresión que revela no solo indignación política sino también la frustración de las autoridades locales que enfrentan en primera línea las consecuencias del negocio de la droga.
Lo dicho por Éder importa porque Cali no es un punto cualquiera en el mapa del conflicto colombiano. La ciudad es un centro económico, industrial y logístico clave para el suroccidente, y cualquier expansión del narcotráfico hacia sus alrededores implica más presión sobre la seguridad, más riesgo para las comunidades y mayores desafíos para la movilidad, el comercio y la vida cotidiana. Cuando los cultivos ilegales se acercan a un gran centro urbano, el problema deja de ser exclusivamente rural y se convierte en una amenaza estructural para la gobernabilidad. Además, la advertencia reaviva el debate sobre la política de drogas del Estado colombiano: sin una respuesta coherente que combine erradicación, sustitución, inteligencia y control territorial, el negocio sigue mutando y adaptándose más rápido que las decisiones del Gobierno.
En el fondo, la denuncia del alcalde de Cali expone una discusión de largo aliento que Colombia no ha resuelto: cómo contener la expansión de la coca en regiones donde el Estado llega tarde o llega mal. Si la producción ilegal ya roza los bordes de una ciudad como Cali, el problema no solo es de seguridad; también es una señal del vacío institucional que el crimen organizado sabe aprovechar. Y ese vacío, cuando se consolida, termina pagándolo la gente común: con más violencia, más miedo y menos control sobre su territorio.



