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Alemania destinará 16.000 millones de euros para blindarse ante la amenaza de drones

Hace 1 hora

Alemania planea destinar hasta 16.000 millones de euros antes de 2030 para blindar a su Ejército frente a la amenaza de los drones. Berlín admite que el problema ya golpea infraestructuras críticas y eleva la tensión en Europa sin cruzar aún el umbral de una guerra abierta.

Alemania se prepara para una guerra que no se declara con tanques, sino con aparatos pequeños, baratos y cada vez más difíciles de detener. El ministro de Defensa, Boris Pistorius, anunció que su gobierno invertirá hasta 2030 unos 16.000 millones de euros para reforzar la capacidad de la Bundeswehr frente a drones que sobrevuelan bases militares, puertos, centrales energéticas y otros puntos sensibles. El mensaje es claro: Berlín ya no trata estas incursiones como una rareza tecnológica, sino como una amenaza estratégica que puede desestabilizar la seguridad interna y europea sin necesidad de disparar un solo misil a gran escala.

Pistorius adelantó durante una visita a tropas en Frisia, al norte del país, que en los próximos días lanzará un plan de acción específico sobre drones, con medidas que van desde la detección temprana hasta la intercepción y neutralización de estos dispositivos. Según explicó, la Bundeswehr ha acelerado la compra de sistemas antidrones de última generación y entrena a sus soldados en interferencia electrónica, rastreo e incluso en el uso de drones capaces de lanzar redes o chocar contra aeronaves hostiles para inmovilizarlas. El ministro defendió, además, que no todo se resuelve con fuego pesado: en este terreno, dijo en esencia, la precisión importa más que la fuerza bruta, porque derribar un dron sin medir el entorno puede terminar generando más daños que soluciones.

El giro alemán no ocurre en el vacío. En toda Europa se han multiplicado los avistamientos de drones cerca de instalaciones estratégicas, y el debate sobre su origen se mezcla con la tensión geopolítica derivada de la guerra en Ucrania y la presión de Moscú sobre el flanco oriental de la OTAN. Pistorius aludió a incidentes recientes en Letonia y Rumania, donde drones rusos o ucranianos extraviados terminaron impactando en territorio aliado, una señal de que la frontera entre accidente y provocación es cada vez más difusa. Ese es precisamente el punto que inquieta a los gobiernos europeos: los drones operan por debajo del umbral de una confrontación militar tradicional, pero pueden provocar pánico, interrupciones económicas y errores de cálculo con consecuencias serias.

Para Alemania, la inversión proyectada también es una admisión incómoda: la defensa moderna ya no depende solo de grandes sistemas de armas, sino de la capacidad de anticipar amenazas pequeñas, baratas y masivas. Eso obliga a repensar la protección de puertos, refinerías, redes eléctricas y cuarteles, pero también la coordinación civil-militar en un país donde la seguridad de la infraestructura crítica afecta directamente la vida cotidiana. Lo que hoy se presenta como un plan técnico es, en realidad, una señal política: Europa se está preparando para un escenario en el que el poder ya no se mide únicamente por el tamaño del ejército, sino por quién logra ver primero el dron y apagarlo antes de que cruce la línea roja.

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