Deluque mueve sus fichas en el Senado y dice tener apoyos de oposición y del gobierno
Imagen: El Tiempo - Política
Alfredo Deluque movió sus fichas en el Senado y salió a defender su aspiración a la presidencia de la corporación. El senador de La U asegura que ya tejió acuerdos con partidos de oposición y también con sectores de la coalición del gobierno entrante.
Alfredo Deluque decidió no dejar su aspiración a la presidencia del Senado en el terreno de los rumores y salió a blindarla con un mensaje político claro: dice que ya ha sostenido reuniones con partidos y senadores de oposición, al tiempo que asegura tener acuerdos de gobernabilidad con las colectividades que harán parte de la coalición del gobierno entrante. En un Congreso donde cada voto puede cambiar el pulso de las mayorías, el movimiento no es menor: Deluque está intentando mostrarse no solo como candidato, sino como un dirigente capaz de hilar puentes en una corporación acostumbrada a las fracturas y a los cálculos de corto plazo.
El senador de La U, según informó El Tiempo - Política, defendió su nombre para liderar la mesa directiva del Senado en medio de conversaciones con distintas bancadas. Su apuesta pasa por presentarse como una figura de equilibrio: alguien que puede hablar con la oposición sin cerrar la puerta a los partidos cercanos al nuevo gobierno. Esa doble interlocución es, en la práctica, la moneda más valiosa en una elección interna del Congreso, porque la presidencia del Senado no solo define la conducción de los debates, sino también el tono político de la agenda legislativa y la relación entre el Ejecutivo y la rama legislativa en los primeros meses de gobierno.
El trasfondo de esta movida es evidente. La presidencia del Senado suele convertirse en una pieza estratégica para ordenar mayorías, controlar tiempos y medir la temperatura política de reformas sensibles. Por eso Deluque intenta instalar la idea de que su eventual elección no sería una victoria cerrada de un bloque sobre otro, sino una fórmula de gobernabilidad. En teoría, ese mensaje puede resultar atractivo para sectores que buscan estabilidad; en la práctica, también revela que el Congreso ya empezó a negociar poder antes incluso de que se consoliden por completo los equilibrios del nuevo periodo. Y ahí está el punto que importa para la gente: quien presida el Senado tendrá influencia directa sobre qué proyectos avanzan, cuáles se traban y con qué velocidad se mueven debates que terminan afectando presupuestos, reformas y decisiones que llegan hasta la vida cotidiana de los colombianos.
La disputa por esa silla, entonces, no es solo un asunto interno de partidos ni una batalla de nombres. Es una señal temprana de cómo se reorganizará el poder legislativo frente al gobierno que viene. Si Deluque logra reunir apoyos de distintos orígenes, enviará el mensaje de que todavía hay espacio para acuerdos transversales en el Congreso. Si no lo consigue, quedará expuesta la dificultad de construir gobernabilidad en un escenario político cada vez más fragmentado, donde la lealtad dura lo que dura la negociación.




