Colombia

Capturan en Barranquilla a alias Ñaca, fugitivo dominicano que habría fingido su muerte

Hace 5 horas

La captura de Miguel Alberto Senford Ferreras, alias Ñaca, en Barranquilla destapó una fuga de alto perfil que terminó con un fugitivo dominicano escondido en Colombia bajo identidad falsa. El caso expone cómo las redes criminales cruzan fronteras con facilidad y cómo la cooperación policial sigue siendo clave.

La captura de Miguel Alberto Senford Ferreras, alias Ñaca, en Barranquilla, no solo cerró la búsqueda de uno de los hombres más requeridos en República Dominicana: también reveló el nivel de sofisticación con el que algunos prófugos intentan desaparecer. Según informó infobae Colombia, el señalado por homicidio y porte ilegal de arma de fuego habría fingido su muerte tras una balacera con la Policía dominicana y, desde entonces, se mantuvo oculto en territorio colombiano con una identidad falsa.

El caso tiene un peso especial porque no se trata de un fugitivo común. Alias Ñaca figuraba entre los más buscados en su país de origen, lo que sugiere una trayectoria criminal que obligó a las autoridades a seguirle la pista más allá de las fronteras. De acuerdo con la información divulgada, su localización en Barranquilla fue posible tras labores de inteligencia que permitieron detectar su presencia en la capital del Atlántico, una ciudad que se ha convertido en punto de tránsito y refugio para estructuras ilegales que buscan mimetizarse entre la vida cotidiana.

Lo más delicado del expediente es el relato alrededor de su presunta muerte fingida. Ese tipo de maniobra no solo complica la labor de los organismos de seguridad, sino que deja en evidencia una constante regional: la capacidad de ciertas redes criminales para reciclar identidades, moverse entre países y aprovechar vacíos en los sistemas de control. En un escenario como el colombiano, donde Barranquilla y otras ciudades portuarias concentran movilidad, comercio y flujo migratorio, un prófugo con documentos alterados puede pasar inadvertido durante meses o incluso años si no existe cooperación internacional sostenida.

Este operativo también recuerda por qué la articulación entre policías y agencias de distintos países ya no es un asunto diplomático menor, sino una herramienta concreta de seguridad pública. La detención de alias Ñaca refuerza la idea de que la huida no siempre garantiza impunidad, pero también deja una advertencia incómoda: mientras los grupos delincuenciales sigan apostando por fronteras porosas y falsas identidades para esconderse, las autoridades tendrán que invertir más en inteligencia, verificación documental y cruce de información. Para la gente de a pie, el mensaje es claro: detrás de un nombre nuevo y una vida aparentemente normal puede estar alguien buscado por delitos graves en otro país, operando a plena luz del día hasta que una investigación logra desenmascararlo.

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