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Alumno de Veterinaria deja la UAT tras novatada violenta y revive el debate sobre el bullying

Hace 42 minutos
Alumno de Veterinaria deja la UAT tras novatada violenta y revive el debate sobre el bullying

Imagen: infobae

Un alumno de primer semestre de Veterinaria en la UAT fue hospitalizado después de una novatada con golpes, y terminó dándose de baja. El caso vuelve a poner en el centro el bullying y los ritos de “bienvenida” que cruzan la línea de la violencia.

Un estudiante de primer semestre de la Facultad de Veterinaria y Zootecnia de la Universidad Autónoma de Tamaulipas terminó hospitalizado y luego pidió su baja académica después de ser víctima de una novatada que, según informó infobae, incluyó golpes. El episodio vuelve a exhibir un problema que muchas universidades prefieren tratar como una mala tradición estudiantil, cuando en realidad puede derivar en agresiones físicas, abandono escolar y daño emocional de largo plazo.

De acuerdo con la información difundida por infobae, el joven fue agredido en el contexto de una práctica de iniciación que se salió por completo de control. La consecuencia inmediata no fue solo la atención médica, sino la decisión del estudiante de retirarse de la carrera, una señal que dice mucho más que cualquier comunicado institucional: cuando la llamada “integración” termina en hospital, ya no estamos ante una broma pesada ni ante un exceso aislado, sino ante una forma de violencia normalizada. En facultades con fuerte vida interna y jerarquías entre generaciones, este tipo de episodios suele esconder una cultura de silencio donde los recién llegados temen denunciar por miedo a represalias o a ser señalados como débiles.

El caso importa porque revela la persistencia del bullying universitario en un momento en que las instituciones de educación superior enfrentan una exigencia cada vez mayor de garantizar entornos seguros. Las novatadas no son simples rituales folclóricos: cuando incluyen golpes, humillaciones o coerción, pueden convertirse en delitos y en una violación directa a los derechos de los estudiantes. Además, el costo social es alto: un joven que abandona sus estudios por una agresión no solo pierde una oportunidad académica; también se rompe una trayectoria personal y familiar en una región donde la formación profesional sigue siendo una de las pocas vías reales de movilidad social. Si la UAT quiere evitar que este caso se vuelva un precedente más, tendrá que ir más allá del discurso y revisar con seriedad sus mecanismos de vigilancia, denuncia y sanción.

En el fondo, la pregunta no es solo qué pasó en esta facultad, sino cuántos casos similares quedan fuera del radar porque las víctimas no se atreven a hablar. Cada novatada tolerada envía un mensaje peligroso: que la violencia puede disfrazarse de tradición. Y cuando una universidad permite eso, deja de educar en ciudadanía y empieza a enseñar impunidad.

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