Política

Uribe cuestiona a Deluque y eleva la tensión por la presidencia del Senado

Hace 1 hora

Álvaro Uribe encendió la puja por la presidencia del Senado al cuestionar la eventual llegada de Alfredo Deluque a esa silla directiva. El exmandatario lo señaló por haber recibido beneficios del Gobierno Petro y puso sobre la mesa una disputa que mezcla cálculo político, lealtades y cierre de ciclo en el Congreso.

Álvaro Uribe volvió a intervenir en la discusión política del Congreso y esta vez apuntó contra Alfredo Deluque, senador de La U, cuya eventual llegada a la presidencia del Senado ha comenzado a generar resistencias dentro y fuera de su colectividad. El expresidente cuestionó públicamente la posibilidad de que Deluque encabece la corporación y lo vinculó con una supuesta cercanía al Gobierno Petro, a partir de una antigua publicación del congresista sobre el proceso de paz. En una semana marcada por el reacomodo de fuerzas en el Legislativo, el comentario de Uribe no es menor: introduce un factor de presión sobre una elección interna que suele resolverse en acuerdos políticos, respaldos cruzados y cuentas pendientes entre bancadas.

La crítica del exmandatario se apoyó en un mensaje previo de Deluque relacionado con el proceso de paz, pero el trasfondo real parece más amplio. Según la referencia difundida por El Tiempo - Política, Uribe no solo objetó el contenido de aquella postura, sino que además le atribuyó al senador de La U una relación favorable con el gobierno saliente, al que acusó de haberlo beneficiado políticamente. Ese señalamiento se produce en un momento en el que la presidencia del Senado deja de ser un cargo meramente protocolario y se convierte en un puesto estratégico para ordenar la agenda legislativa, administrar los ritmos del debate y marcar el tono de la relación entre el Congreso y el próximo ciclo político.

El episodio importa porque refleja algo más profundo que una disputa personal: la batalla por el control simbólico y operativo del Senado en la recta final de un gobierno y en el umbral de nuevas alianzas. Si Deluque logra consolidar respaldos, la señal será que las mayorías siguen funcionando sobre la base de pactos pragmáticos, incluso cuando vienen acompañados de sospechas o incomodidades ideológicas. Si, por el contrario, el reparo de Uribe cala en sectores decisivos, el episodio podría reconfigurar la conversación en La U y obligar a sus dirigentes a medir con más cuidado el costo político de respaldar a un nombre con pasado cercano a acuerdos sensibles como la paz y con una relación percibida como funcional al Ejecutivo. En términos prácticos, lo que se define no es solo una presidencia legislativa: también se mide quién conserva capacidad de veto, quién pone la agenda y quién puede seguir influyendo en la arquitectura del poder cuando el Gobierno Petro entra en su tramo final.

Más allá del cruce puntual, el mensaje de Uribe confirma que las disputas del Congreso colombiano siguen atravesadas por la herencia de la polarización entre uribismo y petrismo, incluso cuando se trata de cargos internos del Senado. Para la ciudadanía, estas peleas pueden parecer lejanas, pero terminan impactando decisiones concretas: las reformas que avanzan o se hunden, los debates de control político y la velocidad con la que el Legislativo responde a las prioridades del país. En ese tablero, la presidencia del Senado no es una silla decorativa; es una plataforma desde la cual se puede ordenar, frenar o acelerar la política nacional.

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