León XIV pone a Canarias en el centro del drama migratorio atlántico
León XIV aterriza en Canarias con un mensaje que apunta al corazón de la crisis migratoria: dignidad, acogida y memoria para quienes murieron en la ruta atlántica. Su visita a Arguineguín, inédita para un papa, busca sostener el foco internacional sobre unas islas desbordadas por años de llegadas.
León XIV llega este jueves a Arguineguín, en Gran Canaria, para convertir el puerto en una escena política y moral de alcance global: la Iglesia quiere que Canarias deje de ser solo un punto de llegada de cayucos y pase a ser recordada como un lugar de esperanza, no de abandono. La visita es histórica no solo porque ningún papa había estado antes en las islas, sino porque el pontífice aterriza con un mensaje que ha insistido en repetir desde el inicio de su pontificado: la migración no puede ser tratada como una molestia administrativa, sino como una cuestión de dignidad humana.
El gesto no es menor. El acto central del viaje, coordinado por el Vaticano y la Conferencia Episcopal, se celebrará en el mismo muelle que durante años simbolizó la presión extrema sobre el sistema de acogida canario y que en 2020 quedó marcado por el hacinamiento de más de 2.300 personas. A ese espacio, conocido durante tiempo como el “muelle de la vergüenza”, la Iglesia local le ha colocado ahora otra etiqueta: “Puerto Esperanza”. El cambio de nombre no borra el drama, pero sí marca una intención política y pastoral clara: recordar que detrás de cada rescate hay vidas, no estadísticas; familias, no cifras de desembarco.
La elección de Arguineguín también revela la lectura que la Santa Sede hace de la crisis atlántica. Llegar a El Hierro habría significado un reto logístico mayor, pero el puerto grancanario concentra otro elemento decisivo: fue durante años uno de los escenarios más visibles de la respuesta humanitaria canaria y, al mismo tiempo, de la incapacidad europea para gestionar con orden y humanidad un fenómeno que no se ha detenido. León XIV ha venido acumulando mensajes sobre este asunto desde antes de pisar España, desde su advertencia en Argelia contra unos mares convertidos en cementerios hasta su recordatorio en Madrid de que no se puede profesar fe y, al mismo tiempo, despreciar al prójimo.
La presencia del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto al jefe del Ejecutivo canario, Fernando Clavijo, añade una capa de tensión política a una visita que pretende ser espiritual pero que inevitablemente interpela al poder. La asistencia de Sánchez ha sido cuestionada por Coalición Canaria y el PP, que le reprochan haber esperado casi siete años de crisis para aparecer en el principal frente migratorio del archipiélago. Pero más allá del cruce partidista, el viaje de León XIV puede servir para algo más relevante: volver a situar a Canarias en la conversación europea sobre migración. Porque el verdadero riesgo, en este tipo de tragedias repetidas, no es solo que sigan llegando embarcaciones; es que la rutina termine por anestesiar a las instituciones y a la opinión pública ante la dimensión humana del problema.




