Andrea Petro desató fuego cruzado contra el Gobierno por muertos en el Guaviare

Imagen: infobae colombia
Andrea Petro elevó el tono contra el gobierno de su padre al cuestionar los operativos militares en el Guaviare, tras la muerte de seis menores. En paralelo, denunció que el poder se está ejerciendo desde la intimidación y no desde la legitimidad.
Andrea Petro volvió a convertir sus redes en un espacio de choque político y esta vez apuntó directamente al corazón del gobierno de Gustavo Petro. En dos historias publicadas en Instagram, la hija del presidente no solo rechazó los operativos militares en el Guaviare que terminaron con la muerte de seis menores, sino que además acusó al Ejecutivo de recurrir a la amenaza y la intimidación como método de poder. El mensaje es incómodo para la Casa de Nariño porque proviene de alguien que, por vínculo familiar, conoce desde adentro el costo político de cada palabra dirigida al gobierno.
Según informó infobae colombia, Andrea Petro cuestionó con dureza la estrategia militar desplegada en el Guaviare y la calificó como una forma de barbarie, al poner el foco en el saldo más sensible del operativo: menores de edad muertos en medio de acciones de fuerza del Estado. En la misma línea, lanzó una crítica de fondo contra la manera en que, a su juicio, se está ejerciendo el poder en Colombia, al señalar que gobernar desde las amenazas solo alimenta el desgaste institucional y profundiza la distancia entre el Gobierno y la ciudadanía. Sus publicaciones no fueron un comentario aislado ni una simple reacción emocional; funcionaron como un golpe político con doble filo, porque atacan tanto la decisión militar como el estilo de gobierno.
El episodio importa porque toca dos debates que hoy están abiertos en Colombia y que el gobierno no ha logrado cerrar con claridad. El primero es el de la seguridad: hasta dónde puede llegar la fuerza pública en zonas de control armado y cuáles son los límites cuando hay población civil expuesta, en especial menores. El segundo es el del poder político: la discusión sobre si el Ejecutivo está gobernando con argumentos y resultados o si, por el contrario, se ha refugiado en una lógica de confrontación permanente. En ese marco, las palabras de Andrea Petro adquieren valor simbólico, no por representar una posición oficial, sino porque exponen una fractura narrativa dentro del universo más cercano al presidente. Y esa fractura no es menor en un gobierno que ha hecho de la paz, la vida y la defensa de los derechos humanos parte de su discurso central.
Lo que deja esta intervención es una señal de desgaste en varios niveles. Para el Gobierno, la muerte de menores en operaciones militares ya era un costo moral y político difícil de administrar; con este pronunciamiento, el asunto se vuelve también una discusión pública sobre coherencia, legitimidad y límites del Estado. Para la oposición, en cambio, el episodio alimenta críticas sobre el manejo de la seguridad y la forma en que el poder responde a la violencia. En cualquiera de los casos, el mensaje de Andrea Petro abre una pregunta que seguirá pesando en los próximos días: si el gobierno que prometió cambiar la relación entre Estado y ciudadanía está terminando atrapado en las mismas lógicas de fuerza que decía querer superar.


