Ángel Collado, el alcalde de Bédar que enfrentó el fuego puerta a puerta

Imagen: El País
Ángel Collado, alcalde de Bédar desde hace 23 años, se convirtió en la primera línea de defensa del pueblo durante el incendio que golpeó Los Gallardos. Su desafío ahora es otro: reconstruir la normalidad en el municipio más castigado por la emergencia.
Ángel Collado, alcalde de Bédar desde hace 23 años y ganador repetido por mayoría absoluta, vive ahora el episodio más delicado de su carrera política: administrar las secuelas del incendio de Los Gallardos, el peor golpe que ha recibido su pueblo en décadas. En una crisis de este tipo, donde la velocidad decide vidas y daños, el regidor asumió un papel poco habitual en la política local: avisar casa por casa a los vecinos para que salieran a tiempo y concentraran sus esfuerzos en protegerse. Esa imagen resume la dimensión humana de la emergencia, pero también la fragilidad de muchos municipios pequeños, donde la estructura institucional depende todavía del pulso de una sola persona.
Según informó El País, Collado no se limitó a coordinar desde el despacho. Se movió por las calles, golpeó puertas y trató de advertir a quienes podían quedar atrapados por el avance del fuego. El relato añade un detalle revelador sobre la presión del momento: el alcalde colgó una llamada del rey, una decisión que habla menos de descortesía que de la brutalidad de la urgencia. Cuando una emergencia se desborda, las jerarquías se encogen y manda una sola prioridad: proteger a la población. En Bédar, un municipio pequeño y muy expuesto al impacto de incendios, la respuesta no podía esperar a protocolos largos ni a tiempos burocráticos.
Este episodio también explica por qué los incendios forestales no son solo una cuestión ambiental, sino una prueba de resistencia para la administración local. En pueblos como Bédar, la diferencia entre el susto y la tragedia depende de la capacidad de reacción inmediata, de la cercanía entre autoridades y vecinos, y de la coordinación con los servicios de emergencia. Que Collado lleve más de dos décadas sosteniendo una mayoría absoluta muestra que su figura tiene arraigo político, pero ahora esa legitimidad se pone a examen en un terreno mucho más exigente: reconstruir confianza, atender daños materiales y gestionar el miedo que deja una catástrofe. Para la gente de a pie, lo que venga después del incendio será decisivo: viviendas afectadas, actividad económica alterada y una comunidad obligada a volver a empezar bajo la sombra de un fuego que expuso, otra vez, las debilidades del medio rural ante emergencias cada vez más intensas.



