Petro defiende su balance y niega crisis en seguridad y economía ante el Congreso
Imagen: El Tiempo - Política
Ante el Congreso, Gustavo Petro defendió su balance de gobierno y negó que Colombia atraviese una crisis en seguridad y economía. Su versión choca con advertencias de analistas y deja abierta la discusión sobre el verdadero estado del país al cierre de su mandato.
Gustavo Petro llegó al Legislativo con un mensaje de defensa de su gestión: aseguró que Colombia no está hundida en una crisis de seguridad ni de economía, pese al ambiente de alarma que han venido expresando distintos expertos, gremios y centros de análisis. La intervención del saliente mandatario buscó instalar una idea de continuidad en su relato de gobierno: que los indicadores, a su juicio, no reflejan un colapso, sino avances que sus críticos se han negado a reconocer.
La lectura que hizo Petro ante el Congreso contrasta con el diagnóstico que han venido planteando sectores técnicos y políticos sobre el deterioro de varios frentes del país. En seguridad, las alertas se han concentrado en el repunte de la violencia en regiones históricamente golpeadas por grupos armados, el aumento de las disputas territoriales y las dificultades del Estado para consolidar presencia institucional más allá de las capitales. En economía, el debate pasa por una mezcla de crecimiento débil, incertidumbre regulatoria, tensiones fiscales y una percepción de estancamiento que ha afectado decisiones de inversión y empleo. Aunque el Gobierno insiste en que la lectura alarmista es exagerada, el clima público muestra otra cosa: una ciudadanía que todavía siente el peso de la inseguridad cotidiana y de un bolsillo apretado.
Ese choque entre discurso oficial y evaluación técnica no es menor. En Colombia, la forma en que un presidente cierra su mandato suele influir en la interpretación histórica de su gestión y también en la agenda del gobierno que viene. Por eso importa lo que Petro dijo ante el Legislativo: no solo está defendiendo su legado, sino intentando fijar un marco de interpretación antes de entregar el poder. El problema es que la narrativa gubernamental no borra los hechos que observan alcaldes, empresarios, analistas de riesgo y comunidades en los territorios. Cuando un mandatario descarta una crisis mientras buena parte del país percibe lo contrario, se amplía la distancia entre la Casa de Nariño y la realidad de la calle. Y esa brecha, en política, suele ser más costosa que cualquier cifra favorable en un informe oficial.
El debate de fondo no terminará con el discurso del presidente saliente. Al contrario, apenas entra en una fase más incómoda: la del contraste entre la versión institucional y los resultados que quedarán para evaluación pública. En seguridad, el país seguirá midiendo la capacidad del Estado para contener a los grupos armados; en economía, la discusión continuará alrededor de si el gobierno dejó bases para una recuperación o simplemente una herencia de incertidumbre. Lo que Petro quiso presentar como balance, para sus críticos terminó sonando más a defensa política que a diagnóstico honesto del país.




