El calor castiga a las ciudades españolas donde faltan árboles y parques

Imagen: El País
Un estudio pone números a una desigualdad urbana que el calor ya vuelve insoportable: en Valencia, ocho de cada diez vecinos no tiene zonas verdes cerca; en Madrid, la cifra llega al 60%. El mapa de la vegetación pendiente se convierte así en una alerta de salud pública y justicia climática.
La falta de árboles y parques ya no es solo una queja vecinal: es un problema de salud pública medible. Un estudio citado por El País ha identificado las áreas prioritarias donde habría que aumentar la vegetación en 10 ciudades españolas, y el diagnóstico es contundente: en Valencia, el 80% de los residentes no dispone de zonas verdes próximas, mientras que en Madrid la proporción alcanza al 60%. En plena ola de calor urbana, esos porcentajes no describen una simple carencia paisajística, sino una exposición desigual a temperaturas más altas, peor calidad del aire y menos espacios para refugiarse del asfalto.
El trabajo pone el foco en una realidad que suele quedar fuera del debate urbano: no todas las calles sufren el calor de la misma manera. Allí donde escasea la sombra, el cemento acumula temperatura y la vida cotidiana se vuelve más difícil para quienes caminan, esperan el autobús, llevan a sus hijos al colegio o simplemente salen a comprar. Aunque el estudio no se limita a Madrid y Valencia, esas dos ciudades concentran el dato más llamativo y sirven como espejo de un problema más amplio en España: la vegetación urbana sigue distribuyéndose de forma desigual, con barrios enteros que parten en desventaja frente a otros mejor dotados de parques, arbolado y corredores verdes.
La importancia de este hallazgo va más allá de la estética o del urbanismo amable. En un país cada vez más golpeado por episodios de calor extremo, tener árboles cerca puede significar varios grados menos en la calle, menos estrés térmico en viviendas mal aisladas y más protección para mayores, niños y personas con enfermedades crónicas. Por eso el debate deja de ser ornamental y se vuelve estructural: dónde se plantan los árboles, qué barrios reciben inversión primero y quién decide esas prioridades. El estudio, al señalar las zonas más urgentes, funciona como una hoja de ruta para corregir una desigualdad que el clima está volviendo más peligrosa. Si las ciudades no redistribuyen sombra y vegetación, el calor seguirá actuando como un impuesto silencioso que golpea con más fuerza a los mismos de siempre.
El desafío, sin embargo, no se resuelve solo con plantar más árboles. Hace falta planificación, suelo disponible, mantenimiento y una visión que entienda la infraestructura verde como parte del sistema de salud urbana y no como un lujo decorativo. La pregunta de fondo ya no es si las ciudades españolas necesitan más zonas verdes, sino si sus gobiernos locales están dispuestos a intervenir donde el mapa del calor revela mayor vulnerabilidad. Porque en la próxima ola extrema, la diferencia entre una calle arbolada y otra desnuda no será solo estética: puede ser una cuestión de bienestar, de movilidad y, en los casos más duros, de supervivencia.


