Política

La campaña presidencial se juega ahora en redes, videos y anuncios segmentados

Hace 5 horas

A 12 días de la segunda vuelta presidencial, la campaña dejó de hablar solo desde las tarimas y se instaló de lleno en las pantallas. Videos cortos, anuncios segmentados y mensajes directos en redes se volvieron el nuevo campo de disputa por el voto indeciso.

A 12 días de la segunda vuelta presidencial, los aspirantes han movido su campaña hacia el terreno donde hoy se libra buena parte de la política: las redes sociales. Según el seguimiento de El Tiempo - Política, ambos equipos han intensificado el uso de videos, piezas pagadas y mensajes diseñados para llegarle de forma más directa a sus bases y, sobre todo, a los votantes que aún no se deciden. La lógica es clara: cuando el margen es estrecho y el tiempo escaso, cada clic, cada reproducción y cada interacción puede ayudar a inclinar la balanza.

La estrategia digital ya no se limita a publicar discursos o fotografías de actos públicos. En esta etapa, los candidatos han apostado por formatos más cortos, más emocionales y más precisos: clips para TikTok e Instagram, anuncios segmentados en Facebook y publicaciones que buscan amplificar temas concretos como economía, seguridad, empleo o gobernabilidad. De acuerdo con el análisis de la campaña recogido por El Tiempo - Política, el tono también ha cambiado. Hay menos espacio para el mensaje general y más énfasis en piezas pensadas para convencer, movilizar o contener el voto propio. En otras palabras, las campañas están tratando de hablarle distinto a públicos distintos, una práctica cada vez más sofisticada en la política colombiana.

Este giro no es casual. La segunda vuelta suele ser menos amplia que la primera, pero mucho más intensa en términos de narrativa: ya no se trata solo de sumar, sino de evitar fugas, consolidar apoyos y neutralizar el impulso del rival. En ese escenario, la arena digital ofrece una ventaja decisiva: permite ajustar el mensaje casi en tiempo real y medir qué contenido genera más reacción. El problema, sin embargo, es que también abre la puerta a la saturación, la desinformación y la polarización, tres fenómenos que terminan afectando la calidad del debate público. Para el ciudadano de a pie, esto significa que la campaña llega al celular con una fuerza inédita, muchas veces filtrada por algoritmos y no por una discusión de fondo sobre el país que viene.

Lo que pase en estos días servirá, además, como termómetro del nuevo ADN electoral en Colombia. Las campañas ya no dependen únicamente de plazas llenas o de entrevistas en medios tradicionales: necesitan sostener una conversación permanente en redes, donde la atención dura segundos y la competencia por visibilidad es feroz. Por eso, más allá de quién gane, esta segunda vuelta deja una lección evidente: la política ya entendió que quien no domina el ecosistema digital corre el riesgo de perder no solo presencia, sino capacidad real de influir en una elección cada vez más disputada y más mediada por pantallas.

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