Ataque con explosivos en Jamundí reaviva la presión armada en el sur del Valle
Imagen: infobae colombia
Un ataque con explosivos contra una patrulla en Jamundí volvió a encender las alarmas sobre la presión armada en el sur del Valle del Cauca. Aunque no hubo heridos, el hecho apunta otra vez a la disidencia Jaime Martínez, según las primeras hipótesis oficiales.
Un ataque con dos artefactos explosivos contra una patrulla de la fuerza pública en Jamundí dejó en evidencia, una vez más, la capacidad de intimidación que mantienen los grupos armados ilegales en el sur del Valle del Cauca. El hecho ocurrió en el sector de Las Piñas, sobre la vía que conecta al municipio con el corregimiento de Potrerito, donde los uniformados cumplían un puesto de control cuando, según el reporte inicial, los explosivos fueron lanzados desde una motocicleta. Uno de ellos alcanzó a detonar y el otro quedó activo, lo que obligó a un amplio despliegue de seguridad en la zona. Pese a la gravedad del ataque, las autoridades confirmaron que no hubo heridos entre civiles ni integrantes de la fuerza pública.
De acuerdo con la información conocida hasta ahora y con lo publicado por Blu Radio, la reacción oficial fue inmediata: acordonamiento del área, cierre preventivo del corredor vial y verificación técnica del segundo artefacto. Expertos antiexplosivos deberán destruirlo de manera controlada, mediante una implosión programada para la mañana de este sábado, con el fin de evitar un accidente durante la manipulación del dispositivo. Las autoridades también señalaron como hipótesis preliminar la posible autoría de integrantes de la disidencia Jaime Martínez, una estructura armada que mantiene presencia en esta zona del departamento y que ha sido señalada en otros episodios de violencia e intimidación contra la fuerza pública.
El ataque no puede leerse como un episodio aislado. Jamundí se ha convertido en un territorio estratégico por su ubicación entre la zona urbana, los corredores rurales y la conexión con municipios del sur del Valle y del norte del Cauca, una franja donde distintas estructuras criminales disputan control territorial, movilidad y rentas ilegales. Que un puesto de control termine bajo fuego explosivo revela no solo el nivel de riesgo que enfrentan policías y militares, sino también la fragilidad de la seguridad en vías secundarias que son vitales para el comercio, el transporte y la vida cotidiana de comunidades que terminan atrapadas entre el Estado y los actores armados. Por eso, más allá de la ausencia de víctimas, el hecho tiene un peso político y operativo: obliga a revisar la capacidad de contención de las autoridades en una región donde cada ataque busca mostrar dominio y desafiar la presencia institucional.
Mientras avanzan las investigaciones, los uniformados rastrean la ruta de la motocicleta desde la que habrían sido arrojados los explosivos y buscan determinar si hubo más personas involucradas en la acción. La prioridad inmediata es garantizar que el corredor quede completamente asegurado y que el artefacto sin detonar sea neutralizado sin poner en riesgo a la población. Pero el mensaje de fondo ya quedó claro: en Jamundí, la guerra de baja intensidad sigue golpeando caminos, patrullas y población civil, incluso cuando esta vez el saldo no dejó víctimas. Y ese tipo de ataques, aunque no siempre salgan en cifras de muertos y heridos, sí erosionan la confianza en el control estatal y mantienen a la gente viviendo bajo una amenaza permanente.




