Colombia enfrenta una nueva amenaza aérea: los ataques con drones se disparan 146%

Imagen: infobae colombia
Los ataques con drones en Colombia crecieron 146% entre enero y mayo y encendieron una alarma nueva: la violencia ya no solo se libra en tierra, también desde el aire. La Fundación Barco advierte que civiles quedan cada vez más expuestos y pide reforzar alertas tempranas.
Colombia atraviesa un cambio preocupante en la forma de la violencia: los ataques con drones aumentaron 146% entre enero y mayo de este año, al pasar a 121 registros, según informó infobae colombia con base en un alerta de la Fundación Barco. El dato no es solo una estadística más en el ya amplio inventario de la guerra interna; es la señal de que los grupos armados están incorporando tecnología barata, difícil de rastrear y capaz de ampliar el riesgo sobre la población civil.
De acuerdo con la organización, este salto en el uso de drones confirma una tendencia que venía creciendo y que ahora exige respuestas más rápidas del Estado. La Fundación Barco pidió fortalecer los sistemas de alertas tempranas y aumentar la educación comunitaria sobre artefactos explosivos, dos medidas que apuntan al mismo problema de fondo: en muchas zonas del país la gente sigue sin herramientas suficientes para identificar amenazas, reaccionar a tiempo o reportar riesgos antes de que un ataque se convierta en tragedia. En la práctica, esto afecta a campesinos, líderes sociales, transportadores, docentes y familias que viven en territorios donde la presencia institucional es débil y la movilidad cotidiana ya depende de cálculos de seguridad.
El uso de drones en conflictos armados no es nuevo en el mundo, pero sí representa una mutación inquietante en el caso colombiano. La tecnología permite a los atacantes vigilar, lanzar explosivos o hostigar a distancia, reduciendo su exposición y aumentando la vulnerabilidad de quienes están abajo, literalmente. Por eso la alerta de la Fundación Barco importa más allá del dato inmediato: muestra que la guerra se está adaptando más rápido que la prevención estatal. Si no hay protocolos actualizados, sistemas de información territorial y campañas de prevención sostenidas, el costo seguirá cayendo sobre las comunidades que menos capacidad tienen para protegerse. Y en un país donde el conflicto suele medirse por muertos, desplazados o atentados, la expansión de los drones abre una discusión incómoda: la violencia ya no solo ocupa caminos y veredas, también el cielo sobre el que transcurre la vida diaria.




