Cartagena endurece el acceso a sus islas con seguro obligatorio para turistas
Imagen: El Tiempo (Colombia)
Parques Nacionales comenzará a exigir un seguro obligatorio para entrar a las Islas del Rosario, San Bernardo, Barú y Cholón, una medida que golpea de frente el modelo de turismo de un destino que recibió 1,2 millones de visitantes en un año récord. La decisión busca ordenar el flujo de viajeros y trasladar parte de los riesgos a la cadena turística.
Parques Nacionales de Colombia decidió imponer un seguro obligatorio para quienes ingresen a las Islas del Rosario, San Bernardo, Barú y Cholón, en Cartagena, una medida que marca un giro en la administración de uno de los destinos más visitados del Caribe colombiano. La decisión, revelada por El Tiempo (Colombia), llega después de un año récord en el que la zona insular recibió 1,2 millones de visitantes, una cifra que ayuda a entender tanto la presión sobre el ecosistema como la urgencia de introducir controles más estrictos. En la práctica, el cambio no es menor: toca el bolsillo del turista, obliga a los operadores a ajustar su oferta y envía un mensaje claro sobre la necesidad de ordenar un territorio que venía soportando una carga creciente de viajes, embarcaciones y servicios informales.
La medida apunta a un problema que desde hace tiempo venía creciendo debajo de la postal de playas y aguas turquesa: la saturación turística. Cuando un destino alcanza volúmenes tan altos de visitantes, la discusión ya no es solo cuántas personas llegan, sino bajo qué reglas lo hacen, quién responde ante accidentes o incidentes y cómo se protege un entorno frágil que no fue diseñado para soportar una presión masiva e ininterrumpida. Según informó El Tiempo (Colombia), el requisito de aseguramiento se aplicará para ingresar a estas zonas insulares, que concentran buena parte de la actividad turística de Cartagena fuera del casco urbano. El impacto será inmediato para agencias, lancheros, hoteles y operadores que venden tours de un día, porque deberán incorporar el costo del seguro en paquetes que ya suelen competir por precio y rapidez.
Más allá del anuncio puntual, la decisión revela un dilema más amplio que Colombia comparte con otros destinos costeros de alta demanda: cómo mantener abierto el acceso al turismo sin convertirlo en una actividad depredadora o desordenada. Cartagena vive del turismo, pero también padece sus excesos: presión sobre playas, residuos, informalidad, sobreuso de embarcaciones y una dependencia económica que hace difícil corregir rumbo sin afectar ingresos. En ese escenario, el seguro obligatorio puede leerse como una herramienta de gestión y, al mismo tiempo, como una señal de que las autoridades empiezan a reconocer que el costo de la bonanza no puede seguir recayendo únicamente sobre el Estado, los ecosistemas y las comunidades locales. Si la medida se implementa bien, podría abrir la puerta a un turismo más responsable; si se aplica sin coordinación ni control, corre el riesgo de convertirse en otro trámite más que el sector termina trasladando al visitante sin cambiar realmente la lógica del negocio.
Lo que está en juego no es solo una póliza, sino el futuro de un destino que ya superó su capacidad de atención cómoda y que ahora necesita reglas más firmes para no morir de éxito. Para el visitante, el cambio significa un gasto adicional; para Cartagena, puede ser el inicio de una discusión más seria sobre sostenibilidad, seguridad y gobernanza turística en su joya insular.


