Bahréin lleva a la ONU una alerta por la crisis de seguridad en el mar Rojo

Imagen: infobae mundo
Bahréin llevó ante la ONU su denuncia más dura contra los rebeldes hutíes, a quienes responsabiliza por una amenaza a la seguridad marítima y regional “nunca vista en décadas”. El gobierno bahreiní advirtió que los ataques en el mar Rojo violan el derecho internacional y elevan el riesgo para toda la región.
Bahréin elevó este lunes el tono ante la comunidad internacional y denunció en Naciones Unidas una crisis de seguridad que, según su gobierno, no se veía en décadas y que atribuye directamente a los ataques de los rebeldes hutíes. La advertencia no es menor: en un momento de máxima tensión en Medio Oriente, Manama busca instalar la idea de que lo que ocurre en el mar Rojo ya no es un episodio aislado, sino una amenaza regional con consecuencias para el comercio, la navegación y la estabilidad de varios países.
El encargado de poner la denuncia sobre la mesa fue el jefe de la diplomacia bahreiní, Abdullatif bin Rashid Al Zayani, quien sostuvo que estos ataques constituyen una violación flagrante del derecho internacional y de la Carta de las Naciones Unidas, sin justificación alguna bajo ninguna ley. Con ese mensaje, Bahréin no solo responsabiliza a los hutíes por la escalada, sino que también presiona para que el sistema multilateral deje de observar desde la distancia y asuma que la seguridad marítima en una de las rutas comerciales más importantes del planeta está seriamente comprometida.
La denuncia bahreiní debe leerse en el contexto de una ofensiva hutí que ha desbordado el conflicto yemení y ha impactado en el tráfico internacional, especialmente en el corredor del mar Rojo, por donde transita una parte sustancial del comercio global. Para un país como Bahréin, estrechamente alineado con sus socios del Golfo y con un interés directo en la estabilidad regional, el deterioro de la seguridad no es un asunto abstracto: afecta cadenas de suministro, encarece el transporte y amplía el riesgo de una confrontación mayor en un área ya atravesada por la rivalidad entre Irán, sus aliados y Occidente. La denuncia ante la ONU también busca reforzar la narrativa de que la respuesta no puede ser solo militar, sino diplomática y multilateral, aunque en la práctica el margen para desescalar se reduce cada vez más.
Lo que Bahréin puso sobre la mesa es, en el fondo, una alerta sobre el costo de normalizar la violencia en una de las arterias estratégicas del comercio mundial. Si los ataques continúan y la comunidad internacional no logra contenerlos, el golpe no recaerá únicamente sobre los gobiernos de la región: también llegará a consumidores, navieras y economías dependientes de rutas estables. En una crisis así, el mar Rojo deja de ser un mapa lejano y se convierte en un problema de alcance global.




