Colombia vota bajo fuerte blindaje por temor a protestas tras el balotaje

Imagen: clarin colombia
Más de 120.000 policías estarán desplegados este domingo en Colombia para custodiar una elección marcada por la tensión y las amenazas. El Gobierno teme protestas promovidas por grupos radicales cuando se conozcan los resultados del duelo entre Iván Cepeda y Abelardo De la Espriella.
Colombia llega a la jornada electoral de este domingo con el país en máxima alerta: más de 120.000 policías fueron movilizados para custodiar el balotaje en el que se definirá quién reemplazará a Gustavo Petro, entre el oficialista Iván Cepeda y el populista de derecha Abelardo De la Espriella. La magnitud del operativo deja ver que el Gobierno no está tratando esta votación como una elección más, sino como un momento de alto riesgo político y social, en un país donde la desconfianza institucional y la polarización han vuelto cada vez más frágil la noche de los resultados. Según informó clarin colombia, el ministro de Defensa anticipó que podrían presentarse protestas impulsadas por grupos radicales una vez que empiece a conocerse la tendencia del escrutinio.
El despliegue de seguridad se concentra en blindar no solo los centros de votación, sino también las calles donde históricamente se expresan las disputas políticas más intensas cuando el resultado aprieta. En este caso, la advertencia oficial apunta a un escenario especialmente delicado: un país dividido entre la continuidad del proyecto de Petro y la posibilidad de un giro a la derecha con De la Espriella. La sola necesidad de hablar de posibles alteraciones del orden público revela que el debate electoral ya no transcurre únicamente en las urnas, sino también en el terreno de la calle, la movilización y la presión de sectores que podrían no aceptar con facilidad un desenlace adverso.
Este clima importa por una razón elemental: en Colombia, cada elección presidencial no solo define un programa de gobierno, sino el tipo de respuesta que el Estado dará a la crisis de seguridad, la economía y la gobernabilidad. La tensión actual refleja un país cansado de la confrontación permanente y, al mismo tiempo, atrapado en ella. Que el Ministerio de Defensa advierta sobre eventuales protestas antes incluso de que cierren las urnas dice mucho sobre el nivel de fragilidad política que rodea esta contienda. En la práctica, la democracia colombiana se juega doble: en el voto y en su capacidad para resistir la presión de quienes, desde distintos extremos, pueden intentar convertir el resultado en un nuevo episodio de desestabilización.
El desenlace de este domingo también será una prueba para la capacidad del Estado de garantizar una transición sin sobresaltos. Si la jornada termina con incidentes, el nuevo presidente —sea continuidad o ruptura— heredará no solo un mandato político, sino una sociedad todavía más desconfiada y un aparato de seguridad que deberá responder con precisión para evitar que la tensión postelectoral se transforme en crisis. En ese sentido, el operativo de 120.000 policías es más que una medida preventiva: es una radiografía de la Colombia que vota, una Colombia que sigue buscando resolver sus disputas por las urnas, pero que aún no logra hacerlo sin la sombra del conflicto en la puerta.



