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Barranquilla: cuando la lluvia arrastra nuestra indiferencia

Omar RodríguezOmar RodríguezHace 1 hora
Barranquilla: cuando la lluvia arrastra nuestra indiferencia

Poema de denuncia y sensibilización ecológica Por Omar Rodriguez SANA Prensa Independiente | EcoInvestiga Poesía ambiental y crítica social

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En Barranquilla no siempre llueve agua,
a veces llueven nuestras culpas,
las bolsas que lanzamos al olvido,
las botellas que abandonamos en las esquinas,
los desperdicios que dejamos
creyendo que la calle no tiene memoria.

Y cuando el cielo se rompe,
la ciudad cambia de nombre.

Las calles se vuelven ríos,
los andenes desaparecen,
el agua reclama sus caminos
y el miedo se asoma por las ventanas.

Un arroyo ruge entre las casas,
arrastra lo que encuentra a su paso,
mientras una madre llama a sus hijos
y un hombre contempla su negocio inundado.

La lluvia no pregunta quién es rico,
quién vive en el norte
o quién sobrevive en el sur.

Simplemente cae.

Y encuentra una ciudad
que todavía no aprende
a convivir con ella.

El río que carga nuestra vergüenza

Por las corrientes viajan
las huellas de nuestra indiferencia.

Una botella que alguien arrojó,
una bolsa que nadie recogió,
un colchón abandonado,
la basura acumulada
donde debería correr el agua.

Y así, entre espuma y desperdicios,
avanzan nuestros errores
hacia las ciénagas, los caños,
los cuerpos de agua que reciben
aquello que la ciudad no quiso cuidar.

¿Qué culpa tiene el pez
de nuestros hábitos?

¿Qué culpa tiene el ave
que busca alimento entre el plástico?

¿Qué culpa tiene la tierra
de una humanidad que ensucia
y luego se sorprende
cuando la naturaleza devuelve
lo que nunca debimos entregarle?

No es solamente basura.

Es una herida que viaja,
una contaminación que se extiende,
un daño que continúa
cuando la tormenta termina.

También hay responsables detrás de los escritorios

Pero no culpemos solamente
a la mano que arroja una bolsa.

Hay preguntas que esperan respuesta
detrás de puertas oficiales.

¿Dónde están los planes
que deberían anticipar el riesgo?

¿Dónde las soluciones duraderas,
el mantenimiento, la prevención,
la educación que no termine
cuando se apagan las cámaras?

Porque una ciudad no se protege
solamente con advertencias.

Necesita obras que funcionen,
servicios que respondan,
autoridades que rindan cuentas
y comunidades que participen.

La lluvia es un fenómeno natural.

Pero la basura abandonada,
la prevención insuficiente
y la indiferencia cotidiana
no son castigos del cielo.

Son decisiones humanas.

Y las decisiones humanas
pueden cambiar.

La ciudad que también ensuciamos

Barranquillero:

No señales únicamente
al vecino de la otra cuadra.

Mira tu propia mano.

La envoltura que sueltas,
el vaso que dejas,
la bolsa que abandonas
pueden iniciar un viaje
que termine mucho más lejos
de lo que alcanzas a imaginar.

No basta con amar al Junior,
celebrar el Carnaval
o llamar hermosa a Barranquilla.

Amar una ciudad también significa
respetar sus calles,
cuidar sus árboles,
proteger sus aguas
y no convertir sus desagües
en depósitos de basura.

La ciudad que celebramos
merece ser la misma
que cuidamos después de la fiesta.

Cuando deje de llover

Algún día pasará la tormenta.

El sol volverá a calentar las terrazas,
los vendedores abrirán sus negocios
y el bullicio regresará a las esquinas.

Las calles recuperarán su nombre.
Los carros ocuparán el asfalto.
La vida continuará.

Pero debajo del agua que se fue
quedará una pregunta:

¿Aprendimos algo?

Porque el verdadero desastre
no es solamente ver un arroyo crecer.

Es observar el peligro,
lamentar las pérdidas,
prometer que todo cambiará
y repetir mañana
la misma indiferencia de ayer.

Barranquilla no necesita
que dejemos de mirar al cielo.

Necesita que aprendamos
a mirar también al suelo.

Que recojamos lo que arrojamos,
que exijamos lo que corresponde
y que comprendamos, de una vez,
que el agua no distingue
entre la basura de uno
y la negligencia de todos.

Porque cuando un arroyo arrastra nuestros desperdicios,
no se lleva solamente lo que tiramos:
también deja al descubierto
lo poco que hemos aprendido a cuidar.

Y mientras la ciudad vuelve a secarse,
queda una última pregunta
flotando entre las alcantarillas:

¿Cuántas lluvias más necesitamos
para dejar de culpar al agua
por lo que nosotros mismos
hemos dejado en su camino?


Obra poética original de sensibilización ecológica y crítica social. Las escenas descritas son recursos literarios; no corresponden a una inundación específica ni atribuyen responsabilidades administrativas o legales a funcionarios determinados.

Omar Rodríguez
Omar Rodríguez

Corresponsal | Periodista investigativo

Omar Rodríguez es periodista, corresponsal y periodista investigativo de SANA Prensa Independiente, con base en Nueva York. Cuenta con más de una década de experiencia vinculada al ejercicio periodístico y a la cobertura de temas de interés público, actualidad, migración, derechos humanos, comunidad y asuntos institucionales.

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