Cayó ‘Bendito menor’, presunto jefe de Los Pachenca, días después de proponer matrimonio

Imagen: infobae colombia
Naín Andrés Pérez Toncel, señalado como uno de los jefes de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada, murió en un operativo policial días después de proponerle matrimonio a su pareja en la playa. Su caída golpea a una estructura criminal con fuerte control territorial en Santa Marta y la Sierra Nevada.
La muerte de Naín Andrés Pérez Toncel, uno de los presuntos cabecillas de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada, vuelve a poner bajo la lupa el poder de Los Pachenca en el Caribe colombiano. El hombre, también conocido como ‘Bendito menor’, cayó en un operativo de la Policía pocos días después de haber protagonizado una escena cuidadosamente montada en la playa, donde le pidió matrimonio a su pareja, ‘La bebecita’, en medio de antorchas, camino de rosas y un despliegue que contrastaba con las acusaciones que pesaban sobre él.
Según informó Infobae Colombia, Pérez Toncel era señalado como uno de los principales mandos de esa organización armada, heredera de viejas disputas criminales en la Sierra Nevada de Santa Marta y con capacidad de control sobre economías ilegales, corredores de movilidad y zonas urbanas y rurales estratégicas. Su eliminación en un operativo policial no solo representa un golpe operativo para la estructura, sino también una señal de la presión creciente del Estado sobre un grupo que ha buscado consolidar poder mediante intimidación, rentas ilícitas y dominio territorial.
El caso ilustra una constante que Colombia conoce demasiado bien: en los mismos territorios donde se impone la violencia también se construyen relatos de ostentación, lealtad y vida sentimental que buscan humanizar o normalizar a quienes están vinculados con estructuras criminales. Esa dualidad no es menor. Mientras una escena romántica en la costa puede proyectar imagen de poder y control, la realidad de fondo sigue siendo la de un entramado armado que afecta la seguridad de comunidades, comerciantes, transportadores y familias enteras en Santa Marta y municipios cercanos. Por eso importa la caída de un hombre como Pérez Toncel: porque no se trata solo de un nombre abatido en una operación, sino de una pieza en el ajedrez criminal de una región donde la disputa por el territorio sigue marcando la vida cotidiana.
A largo plazo, la pregunta no es únicamente quién reemplaza a un jefe caído, sino qué tanto logra el Estado sostener la presión sobre estas estructuras para evitar que se fragmenten y muten. En Colombia, la experiencia demuestra que cuando un mando criminal cae, el vacío suele abrir nuevas disputas internas o la llegada de otros actores dispuestos a ocupar el espacio. En la Sierra Nevada, donde confluyen narcotráfico, extorsión, control social y economías ilegales, la captura o muerte de un líder puede alterar el mapa de poder, pero rara vez resuelve el problema de fondo. Lo que sí deja claro este caso es que el aparente brillo de una ceremonia en la playa no alcanzó a ocultar la sombra de una organización que sigue siendo una amenaza para el Caribe colombiano.



