Mundo

Netanyahu usa el 11-S para equiparar el 7 de octubre y blindar su alianza con EE.UU.

Hace 6 horas

Benjamin Netanyahu vinculó el recuerdo del 11 de septiembre con el ataque del 7 de octubre para subrayar, según dijo, que Israel y Estados Unidos enfrentan una misma amenaza. En su mensaje, el primer ministro israelí defendió la alianza bilateral como un frente común en nombre de la libertad y la democracia.

Benjamin Netanyahu aprovechó el recuerdo de los atentados del 11 de septiembre para trazar un paralelo con el ataque de Hamás del 7 de octubre y reforzar un mensaje político de alto voltaje: Israel y Estados Unidos, dijo, comparten una misma batalla contra lo que describió como la “pura maldad”. La comparación no es menor. En un momento en que la guerra en Gaza sigue reconfigurando la política internacional y la relación de Washington con sus aliados en Medio Oriente, el primer ministro israelí buscó colocar a su país dentro del mismo marco moral y de seguridad que el trauma estadounidense del 11-S.

De acuerdo con lo informado por Infobae Mundo, Netanyahu sostuvo que Washington y Jerusalén enfrentan una amenaza común por defender valores como la libertad, la democracia y la civilización. El mensaje apunta directamente al corazón de la alianza entre ambos gobiernos, que durante décadas ha combinado cooperación militar, respaldo diplomático y coordinación estratégica. Al invocar el 11-S, el líder israelí no solo apeló a la memoria de las víctimas estadounidenses, sino que también intentó reforzar la legitimidad de la ofensiva israelí en Gaza ante la opinión pública internacional, donde crecen las críticas por el costo humanitario de la guerra.

La analogía, sin embargo, tiene implicaciones políticas delicadas. Para Netanyahu, equiparar el 7 de octubre con el 11 de septiembre sirve para enmarcar el conflicto como una lucha global contra el terrorismo y no como una disputa territorial o una guerra asimétrica con fuertes efectos sobre la población civil palestina. Pero ese enfoque también expone la tensión de fondo: mientras en Israel el ataque de Hamás sigue siendo leído como una herida nacional abierta, en amplios sectores del mundo árabe, de Europa y de Estados Unidos persiste la exigencia de una respuesta proporcional y de una salida política que evite convertir Gaza en un desastre prolongado. Esa divergencia explica por qué cada declaración de Netanyahu es observada no solo como un gesto de memoria, sino como una pieza de presión diplomática.

En términos más amplios, el pronunciamiento recuerda que la guerra en Medio Oriente ya no se libra únicamente en el terreno militar, sino también en el simbólico. Netanyahu intenta consolidar una narrativa que una a Israel con Estados Unidos bajo un mismo lenguaje de resistencia frente al extremismo, justo cuando la administración estadounidense enfrenta crecientes tensiones internas por su respaldo a Tel Aviv. Para la gente común, en ambos países, esa discusión tiene consecuencias concretas: condiciona decisiones sobre ayuda militar, seguridad nacional y política exterior, pero también define el tipo de memoria pública que se construye alrededor del terrorismo, la guerra y las víctimas. Y en ese terreno, las analogías pesan tanto como los hechos.

Noticias relacionadas