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Petroecuador normaliza producción del bloque ITT y revive la tensión sobre el Yasuní

Hace 35 minutos

El bloque 43-ITT, en pleno Yasuní, volvió a producir cerca de 40.000 barriles diarios luego de una falla técnica que había recortado 25.000 barriles al día. El episodio reabre el debate sobre la dependencia petrolera de Ecuador y el mandato ciudadano de dejar ese crudo bajo tierra.

La producción del Bloque petrolero 43-ITT, ubicado en el corazón del Parque Nacional Yasuní, volvió a niveles normales tras una falla técnica que había golpeado la extracción de uno de los activos más sensibles de Ecuador. Petroecuador informó que el complejo recuperó cerca de 40.000 barriles diarios después de varios días de interrupción parcial, un episodio que expone, una vez más, la fragilidad operativa de la principal industria del país y la tensión política que rodea a esta zona amazónica.

Según explicó la empresa estatal, la contingencia comenzó el domingo por la falla de un fusible vinculado a la señal de parada de emergencia de una de las plantas del complejo. Eso redujo en 25.000 barriles por día la producción del bloque, hasta que el sistema fue restablecido de manera progresiva durante la semana. Petroecuador atribuyó la lentitud del reinicio a la naturaleza del crudo pesado que se extrae en el área y a la distancia de unos 85 kilómetros entre la Central de Procesos Tiputini y la Estación de Procesamiento de Fluidos del Bloque 12, un detalle técnico que en la práctica evidencia lo complejo y costoso que resulta operar en esta zona amazónica.

El gerente general de Petroecuador, Sebastián Maag, señaló que tras la recuperación de este activo la producción total de la petrolera se ubicó en 370.233 barriles diarios, con la meta de cerrar septiembre en un promedio de 375.000 barriles por día. El dato importa no solo por la magnitud del bloque, sino porque Ecuador sigue dependiendo del petróleo para sostener buena parte de sus ingresos fiscales, su balanza comercial y su capacidad de financiar gasto público. Cada interrupción, incluso si es temporal, se traduce en menos caja para un Estado presionado por deuda, déficit y necesidades sociales apremiantes.

Pero el caso del 43-ITT no se lee únicamente como una contingencia industrial. Este bloque, que agrupa los campos Ishpingo, Tambococha y Tiputini, entró en operación en 2016 y se convirtió en símbolo de una contradicción nacional: explotar crudo en una de las áreas de mayor biodiversidad del planeta mientras una mayoría de ecuatorianos votó en 2023, con 58,95 % de respaldo, por dejar ese petróleo bajo tierra. Desde entonces, organizaciones indígenas y ambientalistas han insistido en que el Gobierno no ha cumplido plenamente con el mandato ciudadano. Por eso, cada avance técnico en la producción convive con una discusión de fondo mucho más incómoda: cuánto tiempo más puede Ecuador seguir apostando al Yasuní como fuente de renta sin pagar un costo ambiental y político cada vez más alto.

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