Colombia

Bogotá en alerta por riesgo de apagón y presión sobre la factura de luz

Hace 51 minutos

Bogotá y la región centro-oriente enfrentan una advertencia que no es menor: si no entran a tiempo dos líneas clave de transmisión, el sistema podría quedar expuesto a fallas de suministro y a mayores costos en la energía. El Grupo Energía Bogotá pidió acelerar obras que deberían estar listas en 2027 para evitar un golpe al bolsillo y al servicio.

Bogotá y buena parte del centro-oriente del país quedaron bajo una señal de alerta que mezcla riesgo operativo y presión económica: el Grupo Energía Bogotá advirtió que las líneas Chivor Norte y Sogamoso deben entrar en funcionamiento en 2027 para evitar un escenario de restricciones en el suministro eléctrico y un posible incremento cercano a $50.000 en la factura de los hogares. La advertencia pone sobre la mesa un problema que en Colombia suele aparecer tarde, cuando ya están encima las congestiones, los atrasos en infraestructura y la amenaza de que una falla técnica termine convirtiéndose en un problema cotidiano para millones de usuarios.

Según informó infobae colombia, la compañía insistió en que estas obras no son un lujo ni una expansión marginal del sistema, sino piezas críticas para reforzar la red que abastece a la capital y a varios municipios de la región. El mensaje de fondo es claro: sin esas líneas, la capacidad de transportar energía podría quedar corta frente a la demanda, especialmente en un territorio donde el crecimiento urbano, la expansión industrial y el aumento del consumo vienen presionando desde hace años una infraestructura que avanza más lento que las necesidades reales. En ese contexto, la posible alza de la tarifa no sería un castigo aislado, sino la consecuencia de un sistema más costoso de operar cuando no cuenta con la infraestructura suficiente para distribuir la energía con eficiencia.

El caso importa porque Colombia ya conoce los efectos de las demoras energéticas: cuando faltan redes de transmisión, el problema no solo es que pueda haber cortes o inestabilidad, sino que se encarece todo el sistema. Al final, ese sobrecosto termina trasladándose a los usuarios, y es allí donde la discusión deja de ser técnica para volverse doméstica. Para una familia bogotana, un incremento de $50.000 en la factura no es un dato menor: significa una presión adicional sobre presupuestos que ya enfrentan transporte más caro, arriendos altos y un costo de vida que sigue castigando a la clase media y a los hogares más vulnerables. Por eso, la advertencia del Grupo Energía Bogotá también debería leerse como un llamado político: si las obras no se destraban a tiempo, la factura no solo la paga la red eléctrica, sino también el ciudadano común.

De fondo, esta alerta revela otra debilidad estructural del país: la distancia entre la planificación energética y la ejecución real de los proyectos. En Colombia, los cuellos de botella en licenciamiento, permisos, consulta y gestión territorial suelen convertir obras urgentes en expedientes eternos. Y cuando el retraso afecta una infraestructura de transmisión, el margen de error es mínimo. Si Chivor Norte y Sogamoso no llegan a tiempo en 2027, Bogotá podría enfrentar no solo un sistema más vulnerable, sino una nueva ronda de discusión sobre quién responde cuando la falta de previsión termina reflejada en apagones, sobrecostos y un servicio cada vez más caro para los usuarios.

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