Mundo

Bolsonaro hijo adopta la fórmula Bukele y promete 500.000 nuevas plazas carcelarias

Hace 1 hora
Bolsonaro hijo adopta la fórmula Bukele y promete 500.000 nuevas plazas carcelarias

Imagen: El País

Eduardo Bolsonaro volvió a colocar la mano dura en el centro del debate político brasileño al elogiar el modelo carcelario de Nayib Bukele y prometer la creación de 500.000 nuevas plazas en prisiones. La propuesta llega en plena campaña y busca capitalizar el hartazgo por la inseguridad.

Eduardo Bolsonaro, diputado e hijo del expresidente Jair Bolsonaro, elevó este viernes el tono de la campaña de la derecha dura en Brasil al reunirse en São Paulo con el ministro de Seguridad Pública de El Salvador y defender como referencia el modelo penitenciario impulsado por Nayib Bukele. En ese encuentro, el aspirante ultraderechista presentó la creación de medio millón de nuevas plazas carcelarias como parte de su visión para enfrentar el crimen organizado, una promesa que, por su escala y su carga simbólica, busca instalarse en la discusión pública como respuesta al miedo ciudadano frente a la violencia.

La reunión no es un gesto aislado. Forma parte de una estrategia política más amplia con la que el bolsonarismo intenta apropiarse del discurso de la seguridad, uno de los temas que más pesan en el electorado brasileño. Al poner a Bukele como ejemplo, Eduardo Bolsonaro importa a Brasil una receta que en El Salvador ha sido celebrada por sus resultados en la reducción de homicidios, pero también cuestionada por organismos de derechos humanos por el costo institucional de su política de excepción, las detenciones masivas y la concentración de poder en el Ejecutivo. En el plano interno, el mensaje es claro: más cárceles, más castigo y menos concesiones al crimen.

El problema es que la promesa choca con la realidad brasileña. Construir 500.000 nuevas plazas penitenciarias no solo supondría una inversión gigantesca, sino también agravar un sistema ya marcado por el hacinamiento, la violencia intramuros y la influencia de facciones criminales que operan dentro y fuera de las prisiones. Brasil tiene una de las poblaciones carcelarias más grandes del mundo y arrastra desde hace años una crisis estructural que ningún gobierno ha logrado resolver con medidas de emergencia. Por eso, la propuesta de Bolsonaro hijo debe leerse tanto como una oferta electoral como una señal de hacia dónde podría moverse un eventual proyecto de poder de la ultraderecha: endurecimiento penal, exhibición de fuerza y sintonía con liderazgos regionales que convierten la seguridad en bandera política.

Para una parte del electorado cansada de robos, extorsiones y el avance de grupos armados, el discurso puede sonar atractivo. Pero para especialistas en seguridad y derechos humanos, el riesgo es evidente: convertir el sistema penitenciario en el eje de la política criminal suele resolver poco y profundizar mucho. Brasil no solo discute cuántas celdas construir, sino qué tipo de Estado quiere levantar frente al delito. Y en esa disputa, la receta Bukele se ha convertido en un emblema capaz de movilizar apoyos, pero también de encender alertas sobre el precio democrático de gobernar a golpe de encierro.

Noticias relacionadas