Srebrenica cumple 31 años: Bosnia vuelve a exigir memoria, justicia y “nunca más”

Imagen: infobae mundo
Miles de familiares y sobrevivientes regresaron al Centro Memorial de Potočari para recordar el genocidio de Srebrenica, ocurrido hace 31 años. La conmemoración volvió a poner en primer plano el reclamo internacional de “nunca más” y la deuda pendiente con la memoria y la justicia.
Bosnia volvió a mirar este jueves a Srebrenica, no como una fecha del pasado sino como una herida que sigue abierta. Miles de familiares de las víctimas y sobrevivientes del genocidio acudieron al Centro Memorial de Potočari para conmemorar los 31 años de la masacre, en una ceremonia que, más que un acto protocolario, funcionó como recordatorio de que la impunidad y el negacionismo todavía acompañan uno de los episodios más brutales de la guerra de Bosnia.
La presencia masiva en Potočari confirma algo que los aniversarios de Srebrenica repiten cada año: el dolor no se diluye con el tiempo. Las familias continúan buscando reconocimiento, dignidad y justicia por la ejecución sistemática de miles de musulmanes bosnios en julio de 1995, cuando las fuerzas serbobosnias tomaron la enclave protegido por Naciones Unidas. De acuerdo con el recuento histórico aceptado por tribunales internacionales, más de 8.000 hombres y niños fueron asesinados en apenas unos días, en lo que la justicia internacional ha calificado como genocidio. La ONU, por su parte, volvió a insistir en el mensaje de “nunca más”, una fórmula que en Srebrenica suena menos a consigna diplomática y más a examen pendiente para la comunidad internacional.
El peso de esta conmemoración va más allá de Bosnia. Srebrenica es una advertencia sobre lo que ocurre cuando la protección internacional fracasa y cuando los discursos de odio se transforman en violencia organizada. También explica por qué los sobrevivientes siguen exigiendo que la memoria no se convierta en una ceremonia vacía: mientras en Europa persisten tensiones nacionalistas y versiones revisionistas sobre la guerra de los Balcanes, cada acto en Potočari reabre la discusión sobre la responsabilidad de los Estados, la eficacia de los organismos multilaterales y el valor real de las promesas de protección a civiles. En una época en la que otras guerras vuelven a exhibir atrocidades contra la población civil, el recuerdo de Srebrenica opera como una advertencia incómoda: el “nunca más” pierde sentido si no se traduce en prevención, justicia y condena efectiva.
Por eso, lo ocurrido en Potočari no fue solo una conmemoración local, sino una señal política dirigida al mundo. A 31 años del genocidio, Bosnia sigue cargando las ausencias, pero también la obligación de sostener la memoria frente a quienes intentan relativizarla. Y mientras haya miles de personas regresando cada año a ese memorial, Srebrenica seguirá hablando no solo de lo que pasó, sino de lo que la comunidad internacional todavía no ha resuelto del todo.

